
Todavía con un pie en el continente nuestro redactor mezcla primeras sensaciones con informaciones ya adquiridas que nos preparan para entender algo de lo que está pasando en un país tan lejano en la distancia como tan cercano, y no sólo, en el idioma. Algunas de las variables que están entrando en juego allí son las que se atisban desde este lado del charco.

Raúl Radovich
La ampliación del aeropuerto internacional de Ezeiza con una nueva área internacional, donde la automatización en la comprobación de la documentación de los pasajeros y el clásico predominio de las tiendas libre de impuestos de cualquier aeropuerto internacional, dan la impresión de ser un país más en los circuitos internacionales, con un permanente incremento de usuarios.
Sin embargo, una vez más se cumple aquello de que las apariencias engañan. Argentina ha recibido en promedio anual unos siete millones de visitantes durante los últimos años, con continuas variaciones en función de la evolución del tipo de cambio. Se realizan unas ochenta mil operaciones de vuelos al año, que suponen unos doce millones de pasajeros. Si comparamos con los casi 100 millones de turistas que recibe España, y las 430 mil operaciones y 69 millones de pasajeros que se contabilizan sólo en el aeropuerto de Madrid, el 16% y el 21% respectivamente del total de los aeropuertos españoles, entendemos por qué cuando llegamos, el nuestro era el único vuelo a despachar.
La autovía a la capital muestra un tráfico sin atascos a las seis de la tarde, a pesar de la inmediatez de la semifinal del mundial de fútbol contra Inglaterra. Llegando a la ciudad, asoman a un lado varios nuevos edificios en el Puerto Madero, residencia de oficinas, viviendas y hostelerías de lujo, mientras si giramos la mirada a la derecha con dirección a La Plata, la capital de la provincia bonaerense, se ven los barrios populares, “villas miserias” se llamaban en mi infancia. ya no son de cartón y chapas de hojalatas, siguen mostrando su precariedad con ladrillos puestos de a poco, sin revoque ni pintura, y desparramadas tal como ocurrió con cada ocupación de tierras. Hay algunas mejoras, como iluminación y en algún caso el asfalto, realizados por los gobiernos de turno tratando de mantener algún control ante el avance de la delincuencia común.
El robo se ceba entre los más pobres, matando por un móvil, unas zapatillas o una bicicleta. Pero es mucho más peligroso el avance de la cada vez más poderosa organización narco “controlada” por la propia policía de la Provincia de Buenos Aires, que participa en el negocio evitando que se produzca el desborde con reguero de muertes como se produce en Rosario.

Rosario es la segunda capital del país, por donde sale la mayor parte de la soja, los cereales y la carne con destino a China y Europa. Este último mercado recibe también los cargamentos de cocaína, que aunque no se producen a gran escala en el país, es un paso sencillo para que la “merca” del norte latinoamericano llegue a los ávidos consumidores europeos.
Los trenes cargados con todo tipo de mercancías se amontonan por la noche, cuando todos los gatos son pardos, para pasar más fácilmente los controles aduaneros. Mientras, siguen creciendo los nuevos edificios, que son la mejor forma de “blanquear” los inmensos ingresos del contrabando de productos legales e ilegales.
Nada de esto es un secreto para nadie. La contrapartida de este negocio es el lujo inmobiliario en el delta del Paraná, al norte de Buenos Aires, donde se han instalado nuevos “countries”, urbanizaciones de lujo, donde conviven narcos colombianos con sus vecinos dedicados a lo mismo, o a otros negocios tan rentables como ilícitos, que solo comparten entre sí alguna pista de tenis o un buen asado.
Así respira cada día el inmenso monstruo del Área Metropolitana de Buenos Aires, (AMBA) con más de dieciseis millones de habitantes en un país donde la mitad de la población trabaja “en negro”, sin derecho a aguinaldo, vacaciones, aportes a la Seguridad Social y finiquito de despido. En cuanto al salario mínimo, cuya vigencia está puesta en cuestión, en la medida en que el 50% de la población trabajadora está en la ilegalidad laboral, acaba de ser fijado a fines de agosto en 219 euros al mes, de los más bajos de América Latina, con unos precios de los alquileres, la gasolina, los transportes, la electricidad, el gas, el agua y la alimentación muy similares a los vigentes en el estado español.

Por su parte, los jubilados cobran algo más de trescientos euros como pensión mínima, lo que afecta a dos tercios de los pensionistas. Incluso la mitad de los trabajadores que cumplieron con sus treinta años de aporte cobran esa cifra ridícula muy inferior a los mil dólares, o los ochocientos sesenta euros que necesita una familia para no estar por debajo de la línea de pobreza, el mismo nivel de pensiones mínimas que cobran los jubilados en el Estado Español.
Estos números se reflejan cotidianamente, cuando ni en los transportes, ni en la calle ni en las plazas, se ve gente mayor, contrariamente a lo que sucede en cualquier ciudad española. El destino de los ancianos en Argentina es permanecer en las casas, recluidos, mientras todos los miércoles, unos pocos cientos se reúnen frente al Congreso, donde son reprimidos, por expresar su malestar ante tal situación.
Por todos estos motivos reproduciremos en las dos próximas entradas de esta serie de artículos , un análisis de las principales características del Gran Buenos Aires y su núcleo central la Ciudad Autónoma del mismo nombre (CABA), la capital del país donde hasta ahora se dirimen los grandes problemas del país, y donde gracias a las aportaciones de los extranjeros y de las luchas obreras, el país cuenta con características muy específicas que lo diferenciaron del resto de América Latina. Fue durante las guerras europeas cuando se establecieron las bases de la industrialización y la urbanización de Buenos Aires, que lo convirtieron en un punto de referencia para los países del Sur.
El objetivo del actual experimento gubernamental es acabar con esa especificidad, para que Argentina se asimile a esos tantos países latinoamericanos que han logrado “estabilidad económica y monetaria” manteniendo a la gran mayoría de la población en la pobreza y sin derechos.
Este es el ejemplo que quieren seguir la derecha y los ultras hispanos, tratando de suprimir el nivel de vida, que a pesar de todo continúa siendo una referencia del modo de vida imperial. Ante el continuo intercambio cultural, sus destellos siguen atrayendo a probar fortuna a tantos jóvenes que han quedado sin otras perspectivas que no sean el “emprendurismo” de plataforma. Ese sector de los jóvenes empieza a descubrir que la “libertad” que le ofrecieron no es más que una vuelta de tuerca en las exigencias del “sálvese quien pueda” permanente. Una de las consecuencias de tal descubrimiento es el aumento de la emigración. Basta establecer una conversación en cualquier ámbito para que el interlocutor transmita que tiene un pariente directo o un amigo que se marchó probando fortuna. Al mismo tiempo, Buenos Aires sigue siendo receptora de miles de expulsados por los cambios en otros países latinoamericanos o en otros continentes, sin que existan los conflictos que amenazan la “tranquilidad” del viejo continente.
La presencia de extranjeros de todas las latitudes, en el aeropuerto y en cualquier ciudad, con igualdad absoluta para acceder a la medicina y a la educación gratuitamente, es un hecho diferencial ante todos los síntomas de signo opuesto en el otrora opulento norte. Por eso
el actual gobierno comienza a desmantelarlo al igual que al resto de derechos que aún quedan de este particular estado de bienestar en los confines del Sur.






Deja una respuesta