
En la primera parte (artículo anterior) el autor analizaba cómo las grandes urbes son una demostración más de los desequilibrios insostenibles del crecimiento sin límites de las ciudades. En esta segunda, aborda el caso específico de la capital de un país que aunque federal en su Constitución, copiando el modelo de EEUU, tiene un rasgo unitario más parecida a Francia. Esto agrega problemas al sobredimensionamiento de las grandes urbes.

Silvio Schachter. 28 de noviembre, 2025.
En América Latina, ante la magnitud de una progresión que es persistentemente desbordada, políticos, técnicos y gestionadores del Estado han abandonado toda pretensión de sustentabilidad, de pensar la relación con el medio natural de las metrópolis. Frente a la presión de los actores principales del modelo económico se impone una lógica de negación y en el mejor de los casos la aceptación de un diagnóstico que se presenta como irreversible. La sustentabilidad de las grandes metrópolis en América Latina no está dentro de las agendas políticas, no solo de los gobiernos locales o regionales, sino básicamente por la decisión de los países centrales y sus corporaciones que llevan adelante depredadoras y agresivas estrategias neoliberales y neocoloniales. En esa dirección las intervenciones urbanas llevadas adelante en las últimas décadas tienden a ser, acríticamente, correlatos más o menos directos de los procesos urbanos propios de la etapa de la globalización.
La Región Metropolitana de Buenos Aires, una de las mayores urbes del planeta y la tercera de América Latina, por tamaño y población, no es la excepción, es una megalópolis bulímica que consume vorazmente recursos naturales, industriales y energía y vomita el CO2 a la atmósfera del planeta y desechos no reciclables. Tiene todas las falencias estructurales de las metrópolis capitalistas, versión hipertrofiada de la ciudad moderna, con su crecimiento exponencial, está dejando una gigantesca huella en el medio natural. Con sus 14 millones de habitantes y una superficie de 13.285 km2 , tiene un gran despliegue de actividades productivas, concentra más del 40% del Producto Bruto Interno y del Producto Bruto Industrial en el 0,5% de la superficie del país. Por otro lado, es su mayor mercado consumidor, no sólo por la cantidad de población, sino por el nivel de ingreso económico de la media. Como resultado del proceso de suburbanización, el 17,9% del territorio metropolitano está ocupado por distintas modalidades de urbanizaciones cerradas. Son parte del cambio en la morfología que surge de la expansión del AMBA que se desarrolló de la ciudad concentrada hacia un sistema de archipiélago donde el límite de la urbe se desdibuja y se vuelve difuso. Corregido: La proliferación de los barrios cerrados y enclaves exclusivos absorbe los retazos de lo rural, modifica negativamente la geografía del territorio y construye patrones sociales de exclusión. Ejemplos claros son los grandes emprendimientos en las costas y el Delta del Río de la Plata (1), que arrasan los humedales; un modelo que se aplica también en otras regiones, como la zona cordillerana del sur del país, donde se invaden bosques para transformarlos en countries (barrios cerrados) de lujo. La contracara es, según el RENAPAB, Registro Nacional de Barrios Populares en Argentina, la existencia de 2.009 barrios populares y asentamientos informales donde viven 600.000 familias y ocupan solo el 4,4% de la superficie. La mayoría carece de los servicios más elementales.

La CABA, la ciudad con el más alto nivel de ingresos por habitante y el segundo mayor presupuesto del país, todavía 250.000 personas no tienen red de gas y 210.000 carecen de redes cloacales.La huella ecológica promedio en Argentina es de aproximadamente 3 gha hectáreas globales por persona, pero en el AMBA esta cifra llega a 5 gha. Debido a la alta densidad poblacional, fuerte consumo energético y extensiva generación de residuos. La matriz energética local depende principalmente de combustibles fósiles, siendo Buenos Aires una de las áreas con mayor generación y consumo de energía y transporte basado en fósiles, lo que incrementa las emisiones de gases de efecto invernadero. La Argentina genera 70 millones de toneladas de CO₂, de los cuales 30 millones corresponden al AMBA, incluidos los 12 millones de toneladas producidas por la CABA. El 53% corresponde al sector de la energía; el 30%, al transporte; y el 17%, a los residuos.Causas principales del déficit ecológico en el AMBA son: el crecimiento poblacional en desmedro de otras regiones, el aumento incesante de la construcción formal e informal, el deficiente sistema de transporte público, que es insuficiente y mal articulado, tránsito caótico, basado en la supremacía irracional del automóvil, degradación del entorno natural, contaminación del Río de la Plata y la cuenca Matanza-Riachuelo, desfavorable relación de espacios verdes por habitante, falta de mantenimiento y colapsadas infraestructuras de la red de cloacas, agua potable, pluvial, provisión de energía eléctrica y gas, segregación espacial polución del aire, contaminación visual y sonora, aumento continuo de la generación de residuos, falencias graves en el sistema de su recolección, depósito y su procesamiento. En Argentina se generan 47 mil toneladas de residuos por día, 17.000 en el AMBA, estos valores van en aumento progresivo y el método de recolección y reciclado sigue siendo ineficaz. La recomendación de las 3R (reducir, reciclar y reutilizar) está lejos de cumplirse. Actualmente la recolección está a cargo de cada una de las jurisdicciones y la disposición final a cargo de un organismo interjurisdiccional (CEAMSE) donde se registran diversas disfuncionalidades tanto con relación a la cobertura de la recolección como con la disponibilidad de zonas de relleno sanitario. La cuenca Matanza- Riachuelo es uno de los problemas ambientales más graves del AMBA, abarca 14 municipios y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) . Para sanearlo, en 2006 se creó la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo, ACUMAR. Pasaron dos décadas y varios gobiernos pero su descontaminación aún sigue pendiente, afectando gravemente la salud de los sectores más pobres que se localizan en sus terrenos aledaños.
El Río de la Plata y su cuenca son el límite este del AMBA, además de su belleza escénica tiene una vital importancia en nuestra salud, no solo nos provee del agua que bebemos, garantiza la renovación del aire, imprescindible para enfrentar la polución causante de enfermedades respiratorias, sus costas edificadas e invadidas y sus aguas contaminadas son el resultado de políticas especulativas, falta de controles y la manipulación de las leyes y normas que se van adaptando al ritmo de las demandas del mercado. El acuífero Pehulchen-Co que abastece de agua a una parte del conurbano bonaerense está contaminado por filtración de aguas residuales: filtración de efluentes cloacales y desechos industriales y uso de fertilizantes y pesticidas, que se filtran al subsuelo. Las recurrentes inundaciones que afectan distintas zonas siempre que llueve intensamente son consecuencia de la degradación del sistema hidrográfico natural, de la escasez de tierra absorbente y arbolado, una red pluvial obsoleta, el insuficiente mantenimiento y limpieza de la red de desagües. La especificidad de estos eventos surge de una intensa artificialidad a las que son sometidas las condiciones del sistema hidrológico. Una de las características principales de esta artificialidad es la impermeabilización, por saturación constructiva, de grandes porciones de la superficie. Este sellado actúa para reforzar el flujo, la escorrentía, aumentando la cantidad de agua que fluye sobre la superficie, acelerando el proceso que deviene en torrentes desbocados. Escorrentía cuyo índice mide el agua que escurre y no es absorbida. En la CABA alcanza un valor del 90%, mientras que en el área rural solo llega al 5%.¿Qué ocurrirá si se duplica la superficie construida, como permite el actual código de planeamiento de CABA? La consecuencia será, inevitablemente, un aumento en las inundaciones urbanas.Como tendencia general de la movilidad metropolitana se observa una retracción del transporte público, a expensas de los medios privados. En la Argentina, en los últimos treinta años la cantidad de pasajeros del transporte público descendió de 67% a 42%, mientras que. la huella ecológica del automóvil aumentó su participación del 16% al 38%. En consecuencia, se fueron multiplicando y potenciando los efectos secundarios indeseados sobre las condiciones de los viajes (excesivos tiempos, costos e incomodidades) y la calidad ambiental (contaminación atmosférica y sonora). No hay campañas de concientización, pues pondrían en crisis el modelo dominante. Un ejemplo de este despropósito es el uso del asfalto, un recurso energético no renovable que aumenta la temperatura en el espacio público debido a su alto albedo en comparación con la piedra de los adoquines; además, facilita el aumento de la velocidad del tránsito automotor, altera los ciclos del agua y del aire y contribuye al incremento de la temperatura global, entre otros aspectos. Se estima que se han extraído adoquines y se asfaltaron, aproximadamente, 3.000 tramos de calles y 9.500 tramos de avenidas y calles están adoquinados con asfalto superpuesto. Por otra parte el adoquinado prácticamente no requiere mantenimiento.Las iniciativas urbanas oficiales ignoran premeditadamente este cuadro, lo naturalizan, sus prioridades están dirigidas a facilitar negocios megaproyectos de lujo por parte de desarrolladores privados que apropian tierra pública, donde el Estado actúa como el proveedor-privatizador. Cuando se logra una legislación de protección del medio ambiente como el artículo 41 de la Constitución Argentina que establece:“el derecho a un ambiente sano, equilibrado y apto para el desarrollo humano, así como el deber de preservarlo. Las autoridades deben garantizar la protección de este derecho, promoviendo el uso racional de los recursos naturales,la preservación del patrimonio natural y cultural,la biodiversidad y brindando educación ambiental, o como el Plan Urbano Ambiental (PUA) de la CABA, aprobado por ley 2930/08, son ignoradas sistemáticamente. Además de no estar a consideración pública su ajuste y actualización en tiempo y forma y presentan una casi nula ejecución gubernamental, tanto en términos de investigaciones y propuestas previstas en la norma como en la reducción sistemática de recursos presupuestarios asignados. El debate sobre la crisis del AMBA está ausente de la consideración política salvo para la retórica de la violencia y la inseguridad. A la incapacidad para analizar y actuar sobre variables múltiples, se suma una práctica condicionada por la agenda electoral que acorta los tiempos, estrecha el horizonte y descarta cualquier posibilidad de una perspectiva ecológica integral que requiera plazos diferentes. Cuando de la actividad política desaparecen programas y propuestas, no extraña que también se abandone la idea de pensar y proyectar el medioambiente urbano.

La tarea de Sísifo (2)
Sin subestimar los enjundiosos aportes realizados por expertos ambientalistas sobre la necesidad de reestructuración urbana hacia una ciudad ecológica, el desarrollo sustentable agota su propuesta frente a una problemática que es más social y política que técnica. Es preciso romper con la identificación de lo urbano acotado a los límites políticos administrativos de la ciudad, sin relacionarlo con los conflictos territoriales de carácter regional y desconociendo su interdependencia. Es una metodología errónea que se utiliza frecuentemente porque simplifica el análisis y las propuestas. La desmesura y la hostilidad metropolitana son presentadas como un mal inevitable, atribuible a factores inmanejables, su fetichización mistifica las causas y diluye las responsabilidades. Las prácticas elusivas presentan una madeja de problemas técnicos y operativos que traumatizan e inhiben las respuestas.La noción de crecimiento y desarrollo basada en estadísticas de metros cuadrados de edificios construidos o de asfalto sobre el adoquinado, debería medirse con mejoras socio-ambientales, menos ruidos, menos polución, aguas e industrias más limpias, espacios públicos más seguros y permeables, mejores condiciones de habitabilidad lo generalizada, más forestación y nuevos espacios verdes, menor velocidad para los vehículos motorizados, pacificación del tránsito, mejorar el transporte público, sin autos transitando con una sola persona, menos concentración en el área central, informar y concientizar sobre los riesgos y vulnerabilidades. Sin búsqueda de participación y consenso con la comunidad, prima el interés de los grandes desarrolladores inmobiliarios, la desigualdad y la segregación territorial, la concentración y la degradación del ambiente urbano. Es preciso descentralizar el AMBA hacia una urbanización mejor distribuida, con escalas más humanas, que abarque todo el territorio nacional, es imperioso pensar la metrópoli a largo plazo, poner en entredicho el productivismo constructor- destructor, modificando los patrones culturales y sociales, para que respondan a un modelo civilizatorio radicalmente distinto.
La propuesta central sobre la que bascula toda la panoplia de soluciones tiene un eje central malthusiano: somos demasiados en el planeta, la población de las ciudades crece geométricamente y se hace necesario el control de población. La ecología de mercado es un oxímoron, el ecocapitalismo es la bioideología que intenta justificar y ejercer el control demográfico que el capitalismo necesita para seguir expoliando la naturaleza y a la mayoría de la población mundial y condenar a la extinción a quienes están excluidos de su sistema económico. En el AMBA la mayoría de sus habitantes tienen un compromiso débil con su ciudad, su densidad poblacional, su enorme extensión, su geografía difusa y dispersar hace fácticamente imposible reconocerla y reconocerse en ella. La desinformación y el desconocimiento, la delegación de roles y la creencia que es un tema de especialistas, abonan su falta de responsabilidad ante la crisis ambiental y social. Los citadinos de Buenos Aires siguen interpretando la ciudad con la taxonomía simbólica, política, racial y de clase con que el Estado y la ideología hegemónica categorizaron su subjetividad, conformada por el sentido autorreferencial de los sectores dominantes.Las fuerzas políticas y sociales que confrontan con la actividad depredadora de las megamineras y las corporaciones del agronegocio no comparten una misma lectura sobre el grave deterioro socioambiental del AMBA, aún siguen atados a la simplificación de concebir lo urbano sólo como un escenario, un contenedor donde se localiza la producción y el conflicto social, se sigue sin percibir cómo se ejerce el modo espacial de dominación. Mirando el futuro con responsabilidad intergeneracional, y partiendo de que estamos inmersos en un sistema global que nos conduce al colapso de la vida en el planeta, aunque las metas parciales semejen una tarea de Sísifo, estas constituyen una posibilidad de mejorar la calidad de vida y, sobre todo, un camino para concientizar —especialmente a las jóvenes generaciones— en la batalla por la defensa de la naturaleza y del medio ambiente, y para protagonizar el necesario cambio civilizatorio hacia una sociedad ecosocialista. El extractivismo minero y la expansión tóxica de la frontera del agronegocio han generado resistencias notables entre quienes defienden su derecho a la tierra y sus ecosistemas, pero no existe un correlato con los habitantes de Buenos Aires, que no ven la relación entre esos procesos destructivos y la calidad de su vida en la gran urbe.
El hecho de que, a diferencia de una corporación minera o del sector dominante del agronegocio, la crisis ambiental del AMBA tenga múltiples causas y actores, favorece la dilución de responsabilidades. Se combinan el Estado, los gobiernos locales, corporaciones internacionales, las entidades y estudios de profesionales y empresas de la construcción, ámbitos académicos, grandes operadores inmobiliarios, entidades financieras y los medios vinculados a estos sectores, para ir redefiniendo día a día la relación negativa de la metrópoli con el medio ambiente.
La ciudad, creación humana símbolo de civilización, avanza hacia su necrosis, en palabras de Mike Davis “la gran ciudad capitalista resulta extremadamente peligrosa porque en lugar de cooperar con la naturaleza trata de dominarla”.
Como señala Michael Lowy “No hay razón para el optimismo: las entrelazadas élites gobernantes del sistema son increíblemente poderosas y las fuerzas radicales de oposición aún son chicas. .Pero constituyen la única esperanza de que el catastrófico curso del crecimiento capitalista sea detenido”
(1) Esta práctica se inició con Puerto Madero, siguió con Nordelta, y tiene un proyecto en Puerto Escobar y Ramblas del Plata en la ex Ciudad Deportiva de Boca, los más emblemáticos de un total de los 870 barrios cerrados en el AMBA.
(2) Sísifo, según la mitología griega es conocido por su castigo que fue empujar una piedra cuesta arriba por una montaña pero, antes de llegar a la cima, volvía a rodar hacia abajo, hecho que se repetía una y otra vez como ejemplo de lo frustrante de la tarea. .
PROCEDENCIA: Huella del Sur.






Deja una respuesta