
A pesar de los juicios perdidos por Bayer-Monsanto en EEUU, con multas mil millonarias y los escasos límites que sufre en Europa el glifosato, sobre todo con el herbicida Round Up, sigue siendo el rey de la Pampa argentina. Este reportaje hecho por franceses, a pesar de su antigüedad mantiene su plena vigencia en la descripción del daño producido a la población rodeada de cultivos de soja, el “oro argentino” y la base de la alimentación intensiva del ganado europeo

André Tomas y Marion Gonidec periodistas del diario L’Ouest 21/11/2017
¿Inocuo? ¿El glifosato? Pregúnteselo a los argentinos. En veinte años, la Pampa húmeda fue colonizada por cultivos transgénicos de soja, trigo y maíz. Y bombardeada de glifosato. Provocando un terrible daño a la salud de niños y adultos.
Un mosquito fumiga herbicidas, a unos metros de la casa de Mariana Moyano, de Carlos Miranda y de su hija Milagros, que padece varias enfermedades. Cánceres, malformaciones, trastornos de la tiroides, se multiplican. Mientras que los suelos pierden vida pues dejan de absorber el agua de lluvia, que termina inundando campos y pueblos y transmiten los contaminantes al agua subterránea y a los ríos. El colmo de los colmos: el herbicida que se supone que mata todas las malezas no deseadas ha engendrado más de 30 variedades que ahora son resistentes a ella. Viaje al país del « milagro glifosato » que se convirtió en una pesadilla…
|
Bienvenido a la familia de Mariana Moyano (la madre) Carlos Marcelo Miranda (el padre) y sus cinco hijos.
Su humilde casa ubicada en la pequeña ciudad de Rojas, se encuentra a ocho metros del alambrado de uno de los inmensos campos que conforman la Pampa argentina.A lo largo del pasillo de la casa, un « mosquito » recién lavado con agua está esperando su carga de pesticidas. Los « mosquitos » son máquinas grandes y altas que despliegan sus brazos largos de rociadores y recorren las llanuras agrícolas para llevar a cabo las “fumigaciones”, es decir la pulverización de productos fitosanitarios. Hasta donde puede recordar, Mariana vio a los
« mosquitos » al menos dos veces por año, dispersando su nube de glifosato hasta el borde de su jardín. “Cuando pasan, cerramos las ventanas y calafateamos las puertas. Pero aun así el producto penetra”. En la casa y en los organismos.La abuela tuvo cáncer en ambos senos y la madre cáncer al útero. Milagros de 4 años, nació prematura y con una malformación cardiaca. Fue operada, pero ya no puede hacer ningún tipo de esfuerzo, ni siquiera andar en bicicleta. También sufre de bronquitis crónica purulenta, prurigo de Besnier y reflujo gastroesofágico. No puede juntarse con otros niños porque no tiene las defensas inmunitarias suficientes. Su maestra viene a darle clases a su casa dos veces por semana. “Ella está acostumbrada”, suspira su mamá con una mezcla de rabia y resignación.Como en la mayoría de los casos hasta la fecha, el vínculo con las fumigaciones no ha sido formalmente establecido. La familia no recibió ningún tipo de compensación, excepto el transporte gratuito necesario para el cuidado sanitario de Milagros, ofrecido por el municipio. No le cabe duda al padre. En su trabajo como conductor, vio a algunos de sus colegas sucumbiendo a envenenamientos sospechosamente relacionados con productos agrícolas cargados en vehículos pesados. Él es uno de esos muchos argentinos que, en el lugar equivocado y en el momento equivocado, fueron “duchados” en sus vehículos con glifosato. Porque también se fumiga desde el cielo, con aviones.
Qué Monsanto se vaya de Argentina
La pequeña Martina Costa también tiene cuatro años. Vive cerca de Rojas con su madre, Mzaria Liz Robledo y su padre, Patricio Costa. Justo después de haber nacido, tuvo que ser operada de una atresia (estrechamiento) del esófago y de tráquea. La operación fue compleja pero exitosa. Sin embargo, al día de hoy, Martina sigue sufriendo afecciones regulares respiratorias. La atresia del esófago es muy poco común: las estadísticas mundiales indican que esta malformación sólo afecta a un niño sobre 3500. Pero en el pueblo de Baigoritta (30 nacimientos al año, por 1900 habitantes) donde vivía la familia de Martina cuando ella nació, otro niño se enfermó solo 19 meses después. Una frecuencia muy inusual. “Detrás del muro de nuestro patio, dice María Liz, madre de Martina, había un depósito de herbicidas e insecticidas. Tarros, bidones y máquinas que estaban lavadas allí con agua. Hay glifosato en todas partes. Hasta vimos un depósito a 150 metros de un jardín de infantes. En enero del año pasado, solíamos ver fumigaciones cerca de las casas, a pesar de que una ordenanza lo prohibía a menos de 300 metros. Con 150 vecinos, hicimos una denuncia pero nunca tuvimos noticias”. Pero la acción de María Liz se empezó a difundir en Facebook, donde ella relató el drama de su hija y dio un nuevo impulso después del “juicio ciudadano” organizado en La Haya contra Monsanto. Las familias de las víctimas son cada vez más numerosas, y se dan a conocer en las redes sociales. Formaron incluso un movimiento con médicos y abogados: el MAVIDA (por Madres de niños Víctimas de Agrotóxicos). María Liz no quiere seguir así, “comiendo veneno”. Según ella, la solución es simple: “hacer que las leyes existentes sobre las distancias que se deben respetar durante la fumigación se cumplan”; poniéndole fin al sistema agrícola tal como es en la actualidad e incluyendo esta temática en la educación de los niños. Y por supuesto “que Monsanto se vaya de Argentina”.Su marido, Patricio es cocinero y ahora los dos están a punto de abrir un puesto “gourmet” de verduras y pastas. Solo habrá que encontrar unos buenos proveedores de frutas, verduras y trigo. Orgánicos si se puede. Sin embargo, en Argentina esto no es tan simple.

Una miel con sabor amargo…
Las abejas atestiguan, a su manera, el estado general de La Pampa. Forrajean y producen más o menos miel, con más o menos pesticidas. Leonardo Arismendi conoce bien el problema. “Leo” ha sido apicultor por más de veinte años. En su barba siempre se nota la sonrisa. Incluso cuando explica que ya ha perdido dos veces unas cincuenta colmenas en un parque que varía entre año de 400 a 600 colmenas. En la zona donde está instalado con sus colmenas, un campo cerca de Pergamino (lado bonaerense) “hubo fumigaciones. Perdí 6.000 pesos por colmena (nota: 290 euros) e.d el costo de las abejas, las colmenas y la pérdida de dinero en miel y polinización pagada por los agricultores”. Los análisis de laboratorio han establecido la presencia de permetrina, pirimifos-metilo, clorpirifos-metilo y cialotrina en la miel, las abejas y las larvas. “Demuestra que son estas moléculas las que mataron a mis abejas. Preferí no persistir en los procedimientos».
Leonardo Arismendi es uno de los muchos apicultores argentinos cuyas colonias de abejas han muerto a causa de las fumigaciones. Todos sus colegas argentinos están más o menos en la misma. Leonardo admite que “es muy difícil hacer este trabajo aquí”. El rendimiento anual puede variar de 20 a 90 kg por colmena, “según el impacto de la contaminación. Podemos ayudar a las abejas un poco trayéndoles agua dulce con azúcar, que es sustituto del polen». Pero el impacto en su propia salud permanece. “La Universidad de Buenos Aires – UBA- ha analizado nuestra agua, nuestra sangre y nuestra orina. Han encontrado pesticidas, glifosato e incluso endosulfán, un insecticida prohibido en Argentina. Una vez, decidió mover sus colmenas a las montañas. “El rendimiento fue mayor y no tuve problema de salud”. Pero por ahora no quiere moverse. Se quiere quedar acá, en el medio de las culturas donde simplemente pide que “paren de fumigar”.
La visión pesimista de un médico pampeano
“El glifosato es peligroso. No hay ninguna duda al respecto”. Quien, con calma, afirma esto, en su living lleno de libros e imágenes de la naturaleza que ama fotografiar, es el Dr Jorge Herce. Nacido en el pueblo mapuche de Los Toldos, trabaja allí y en el pueblo vecino de Junín, donde vive ahora. Jorge Herce lleva 35 años trabajando como médico y pediatra.
El Dr. Jorge Herce practica la medicina desde 35 años en la Pampa. Según él, el aumento vertiginoso de los casos de cáncer se debe al uso de pesticidas . | ANDRÉ THOMAS“El cáncer es la principal causa de muerte en la región, mientras que en la ciudad son las enfermedades cardiovasculares”. Aunque es “científicamente difícil demostrar la causalidad entre cada caso de cáncer y plaguicidas» el Dr. Herce subraya el trabajo que demuestra la función disruptiva endocrina del glifosato. Y observe usted la coincidencia “del mapa de casos de cáncer, durante 15 años con el cultivo de la soja».A estas patologías debemos añadir: “enfermedades respiratorias, digestivas y malformaciones congénitas». Las cuales están identificadas por “un grupo de maternidades públicas y privadas, voluntarias, que cubren el 60% de los nacimientos en la región».Todo esto es, según el Dr Herce, la consecuencia de “un modelo productivo que contamina hasta el agua potable, donde se encuentran residuos de pesticidas de diferentes tipos”. Una concejal encargada de seguridad y salud en una pequeña ciudad de la Pampa Húmeda, confiesa que en el agua se encuentran niveles preocupantes de arsénico, incluso cuando perforan a 60 metros de profundidad.
«No solo es un problema sanitario»
Si hablamos de la carne, que se consume muchísimo en Argentina, está dentro de este modelo también, cuando se produce en los “feed-lots” (corrales de engorde para el ganado, opuesto al modelo de pasto para ganadería) debido a los antibióticos usados y los pesticidas presentes en el alimento.Jorge Herce explica también que “no solo es un problema sanitario. Los agroquímicos son parte de un problema mucho más grande, que es la forma de producción agrícola que hemos asumido. La producción agro-industrial trae problemas que trascienden mucho más de lo que tiene que ver con la toxicidad de los agroquímicos: son formas de vida, de sociedad, de trabajo, marginalidad, abandono de las áreas rurales. La gente ya no vive en los campos. Todo una serie, una sucesión de cosas que impactan fuertemente en lo que es la determinación social de la salud”. En cuanto a la producción de frutas y verduras en pequeñas huertas, casi ha desparecido. Lo cual plantea un problema de soberanía alimentaria. Pero ¿qué puede explicar este cuadro tan oscuro? Una “negación general”, responde Herce, como resultado de varias causas. “Primero, los beneficios generados por la soja. Y la influencia de los grandes grupos químicos. Monsanto, por supuesto, es un gran empleador en las fábricas del país. Pero también Bayer, que produce a su vez, productos agropecuarios y remedios para el cáncer. También existe una tradición en ese país (dentro de los notables) de ser dueños de tierra, es decir; terratenientes. La compra de campo es parte del progreso económico de las personas influyentes y figuras políticas. Y de los médicos también”.
Una tasa de cáncer dos veces más alta…
Resulta bastante difícil interesarse en las enfermedades causadas por pesticidas en la Argentina, debido a la compleja producción de estadísticas y a la organización federal del país. Sin querer, el Dr. Damián Verzeñassi ha construido una importante realidad estadística desde la práctica. El médico, especializado en salud socio-ambiental, está a cargo también de los exámenes finales de los estudiantes de medicina de la Universidad de Rosario (UNR). Con sus “campamentos sanitarios”, logró establecer el lazo estadístico entre agricultura intensiva y patologías específicas.
El profesor Damián Verzeñassi, ha demostrado gracias a sus campamentos sanitarios, el aumento de patologías atribuibles a las pesticidas.
Los médicos (y futuros médicos) gracias a los campamentos sanitarios han recopilado datos de más de 100.000 habitantes, es decir una muestra muy importante. Bajo el liderazgo de Damián Verzeñassi, cada promoción de futuros médicos durante su último año va a entrevistar, casa por casa, a cada habitante de pueblos de menos de 10.000 habitantes, en las zonas donde el alcalde desea que se instale un campamento y en las zonas donde supuestamente los médicos van a llegar a trabajar después. Es decir, las áreas agrícolas de la Pampa húmeda. “El campamento sanitario es la evaluación final, la última evaluación que tiene que aprobar un estudiante de medicina en nuestra facultad para obtener su título. Como dispositivo incluye que nuestro estudiante tiene que hacer una encuesta, casa por casa en una localidad de menos de 10.000 habitantes, para poder saber cuáles son los problemas de salud de los vecinos que viven en ese pueblo. Además, hacen un control de salud de los niños que están escolarizados y talleres de promociones de salud y prevención de enfermedades. Con todo esto, nosotros evaluamos a nuestro estudiante después de nueve meses de haberlo capacitado, de haberlo preparado para ese momento y si el estudiante aprueba, se recibe de médico”. Cada año durante seis años, en cinco a seis pueblos por año, la situación de salud de cada uno se analiza a través de un cuestionario, dando siempre el mismo resultado. «Quería que los estudiantes practicarán la encuesta epidemiológica y conocieran el contexto de salud de una región donde probablemente practicarán próximamente», detalla Verzeñassi. “Francamente, esperábamos encontrar en nuestros resultados el mismo perfil de salud que en toda la Argentina. Pero ese no fue el caso”.Primera observación: “la incidencia de cáncer, es decir, la cantidad nueva de cáncer que se diagnosticaron cada 100.000 habitantes- en el año 2012, fue de 217 en la Argentina, mientras que el promedio de nuestros campamentos sanitarios, el mismo año, fue de 397”. Casi el doble.En segundo lugar, en el 60% de los casos de cánceres diagnosticados, la causa supuesta por el paciente es el tratamiento de cultivos. «Una tasa que necesariamente se reduce por el hecho de que algunas casas no han sido investigadas porque los habitantes ya están muertos».No parece tampoco sorprendente que los pesticidas están en el centro de la sospecha en estas pequeñas ciudades apenas industrializada, dado que «el 90% de los encuestados vive a menos de 1.000 metros de tierra tratada con agrotóxicos». Son muchas las anécdotas sobre casos de fumigación que afectan directamente a los habitantes. Un testigo incluso narra el caso de un grupo de estudiantes que regresaban de una sesión deportiva al aire libre y que recibieron una nube de glifosato, caída de un avión.La legítima sospecha de los habitantes apunta a la misma dirección que los estudios científicos: existen vínculos entre “la atrazina y el cáncer de próstata” o “ glifosato con linfoma no Hodgkin, cáncer pancreático o digestivo”.También aumentaron mucho los casos de abortos espontáneos, “de 50% a 100% en seis años. Según los pueblos, desde el principio de los campamentos sanitarios”. La tasa de malformaciones congénitas “también es mucho más alta que en el resto del país”. Otra particularidad del perfil epidemiológico de la zona estudiada: el hipotiroidismo aparece “como segunda enfermedad crónica más referida por la población, como segunda patología crónica, mientras que aparece como tercera al nivel nacional”.
«A reconquistar su soberanía sanitaria”
El profesor hace un listado deprimente de todas las tendencias de estos pueblos, que no tienen nada que ver con el perfil epidemiológico nacional: obesidad infantil, diabetes, esterilidad, depresión, autismo. Más muchas malformaciones congénitas, y los casos extremos de spina bifida, mielomeningocele, y los síndromes del “niño-sirena”. «Estas malformaciones son el resultado directo de la acción del glifosato sobre el ácido retinoico, cuya función es permitir la expresión de los genes asegurando la constitución de la morfología».¿Quién puede discutir la amplitud del problema sabiendo, que en 2008, el Hospital Pediátrico de Paraná tuvo que crear un departamento especial de cirugía dedicado a la reconstrucción del paladar, debido al aumento de los casos de labio leporino? Las imágenes de anatomía patológica que el profesor Verzeñassi examina, constituyen para el ojo común, una galería aterradora. Si el Dr. Verzeñassi no había previsto los resultados de los campamentos sanitarios, hoy dice que se encuentra feliz de poder llevar los informes y conclusiones a los habitantes de esos pueblos de la Pampa. “Creo que eso les ayuda a reconquistar su soberanía sanitaria”.

El profesor Damián Marino del depto. de química de la Universidad de La Plata, es un especialista de la contaminación con agrotóxicos. Ha participado en numerosos estudios publicados que denuncian a los productos fitosanitarios. Uno de ellos muestra «la presencia de glifosato en el algodón utilizado en productos de higiene femenina» (toallas, tampones) Su último trabajo hace hincapié sobre la presencia de pesticidas en los sedimentos del Río Paraná y Río Paraguay, los cuales tienen cursos casi paralelos en la parte noreste de Argentina. Conclusión menor: «la tasa de concentración de glifosato en los sedimentos de estos ríos es cuatro veces mayor a la de un campo cultivado».
El profesor Damián J. Marino, de la Universidad de La Plata, ha realizado varios estudios que demuestran la presencia masiva tanto como el peligro de las pesticidas. Sumado a estas tasas, encontramos presencia de: cipermetrina, chlorpyriphos-éthyl e endosulfán – todos insecticidas, el último está prohibido- que “hacen explotar la tasa mínima de protección biológica”. Damián Marino tiene datos que demuestran que a diferencia de la biodegradabilidad destacada por los fabricantes, el glifosato se acumula en el suelo. Él estima que «una quinta parte de las cantidades derramadas permanecen allí y se acumulan de un año a otro». La concentración puede alcanzar 30 mg por kilogramo de suelo. «Existen reglas de buenas prácticas. Pero nadie que las controle”…El profesor Marino finalmente insiste en el impacto del glifosato más allá del suelo. “No solo se propaga por la dispersión del aire, sino también gracias a su capacidad de incorporación de otras moléculas, incluyendo el agua”.Durante un evento de lluvia que cubre un área de 2,000 a 3,000 kilómetros cuadrados, teniendo en cuenta que las nubes liberan varias decenas de millones de toneladas de agua, “se midió que también cayeron desde el cielo alrededor de 6 toneladas de glifosato y 1.5 toneladas de atrazina”. Y esto hasta a 10 km del lugar de pulverización. El glifosato se encuentra incluso en el aire de Buenos Aires, un fenómeno llamado «domo de polvo» : cuando no hay viento, se estanca en las ciudades debido al calor. Las áreas de producción de frutas y vegetales se ven también afectadas por el uso irrazonable de glifosato. “Incluso se difunde alrededor de invernaderos y de parcelas cultivadas”. Las muestras de frutas y verduras en el mercado han demostrado que 8 de cada 10 contienen glifosato o uno de los cinco productos fitosanitarios más usados. Y para el 40% de ellos, a un ritmo superior a la norma. Según Damián Marino, “no hay necesidad de buscar una nueva molécula de sustitución al glifosato. En cambio, debemos pasar a un nuevo modelo, la agroecología. “En el país de la agricultura intensiva, la agroecología está en aumento, en varias escalas. Cuenta con la aprobación de la primera hora pero empieza a convencer a algunos terratenientes también”.
El gobierno es consciente del problema
Las autoridades argentinas ahora (se refiere a lacestán «conscientes del problema de salud pública que representan los productos fitosanitarios en Argentina», dice la Dra. Ana Girardelli, directora del hospital de toxicología y salud mental de La Plata y directora del centro de toxicología de la provincia de Buenos Aires. Ella observa «un aumento de los casos de intoxicación aguda, tanto en el mundo agropecuario como en los individuos». Sobredosis por contacto y accidentes en el trabajo debido a recetas agronómicas no respetadas, pero también “muchos casos de suicidios (o intentos) con estos productos, que son tóxicos y fáciles de encontrar».Un depósito de bidones vacíos que contenían glifosato, apilados sin precaución. Las intoxicaciones crónicas también van en aumento y afectan a un espectro muy amplio: el séquito de personas que hacen uso profesional de pesticidas, transportadores, residentes, consumidores, intoxicados por el agua o alimentos. En las consultas del hospital que ella dirige, el Dr. Girardelli, al igual que sus colegas, observó un aumento en la alteración del sistema inmunitario, trastornos neurológicos, especialmente entre los niños, disminución de la fertilidad, aumento de abortos espontáneos, cánceres, malformaciones, etc.“Es necesario conocer mejor todo lo que procede de la intoxicación por pequeñas cantidades durante un largo tiempo. Si se ha estudiado la toxicidad de productos como el glifosato, 2,4 D, triazinas», hay mucho que entender de la acción propia y combinada de los 1.500 ingredientes activos, disponibles en el mercado o que “dejaron de ser usados pero que permanecen en el suelo y en el medio ambiente durante varias décadas”. Esto se debe complementar con una mejor comprensión de cómo estas moléculas son absorbidas por los suelos, los animales y las plantas. Y en el otro extremo de la cadena, hay que saber cómo reaccionan los pacientes, especialmente aquellos que padecen patologías preexistentes que limitan su capacidad para evacuar toxinas (enfermedades del hígado y de los riñones).“El aumento en la intoxicación del paciente lleva a una toma de conciencia del gobierno, que nos da a nosotros, los médicos y toxicólogos, un impulso». Creando, por ejemplo, cursos para el personal agrícola, agronomos y veterinarios sobre las precauciones que deben tomarse en el uso de productos fitosanitarios. Hay que alentar el trabajo del centro de toxicología y de los comités científicos que realizan los estudios necesarios. Un «nuevo campo» para el Dr. Girardelli, que parece enorme. Al igual que la pampa.
Guillermo, el poeta que ama a la electrónica
Guillermo Arejo Fischnaller tiene una cara de actor de cine y no tiene nada que ver con el mundo agropecuario. Nació en Rojas y volvió después de muchos años de vida y trabajo a Buenos Aires. Volvió con rabia, por culpa del desastre sanitario y ecológico que daña sus amadas tierras. Sin dejar de lado su pasión por los poemas- que aún escribe- trabaja en su taller y trata, sin hacer demasiado ruido y con mucha cortesía, de convencer a los demás de cuestionarse sobre ese supuesto “milagro” de la soja. En este país, donde la libertad de expresión es fundamental, organiza reuniones, hace circular informes y documentos. Para “concientizar” a los que viven en estos pueblos.
Juan, el abogado de la Pampa
Juan Ignacio Pereyra no se parece físicamente a Julia Roberts. Pero este abogado incansable que recorre desde sus oficinas de Rojas y Buenos Aires, todo el campo y sus casas, tiene algo de la heroína de “Erin Brockovich”, quien en la película, logra conseguir con su obstinación y su sentido del contacto humano una compensación para las víctimas de una contaminación colectiva.El abogado Juan Ignacio Pereyra, infatigable defensor de las víctimas de pesticidas. La diferencia, en el caso de Juan, es que el área afectada y el número de víctimas son mayores (muchos más) y los contaminantes no provienen de una sola empresa sino de decenas y los vínculos junto con las responsabilidades son infinitamente más complejas de establecer. Además de ser especialista en derecho ambiental, Pereyra participa por convicción en la defensa de aquellos que él considera como víctimas de un sistema agrícola global. Él estuvo, como abogado, en La Haya, en octubre de 2016. De un caso al otro, de un pueblo al otro, se hace complejo. La percepción de las víctimas suele perderse dentro de los meandros de las regulaciones específicas, de la ciudad, de la provincia o del estado. Por ejemplo, en el caso de las distancias que hay que respetar entre viviendas y áreas de pulverización…Juan Ignacio Pereyra ataca en una línea más global, sosteniendo que el «el modelo agrícola actual viola la constitución, la ley y los Derechos Humanos». Y recordando que «la Constitución argentina garantiza a todos el derecho a un medio ambiente sano y propicio para el desarrollo sin dañar los derechos de las generaciones futuras», así como el cese de daños cuando es necesario, con compensación a las víctimas y restauración de lo que debe ser. En cuanto a las leyes de protección ambiental, declara que “cualquier actividad que pueda dañar el medio ambiente debe ser precedida de un estudio de impacto.» Casi nunca ocurre. Por suerte, empiezan a acumularse éxitos judiciales alentadores. Incluyendo el fallo “histórico” de la escuela N°44 de Santa Anita, en la provincia de Entre Ríos, donde se fumigó a los maestros y alumnos (que se enfermaron) sin el aviso legal. Después de tres años de batalla judicial, el tribunal oral de Concepción del Uruguay condenó en octubre pasado, a 1 año y 6 meses de prisión en suspenso a los tres imputados: al presidente de la empresa fumigadora, al dueño del campo y al piloto que manejaba la aeronave por «lesiones leves culposas y contaminación ambiental culposa”. Para Juan, esta batalla legal cerca del campo, es una de las palancas de acción contra un modelo agrícola peligroso. En el otro extremo, dice que hay que desarrollar una conciencia internacional. El abogado argentino también ha participado el 17 y el 18 de noviembre, en un simposio internacional organizado en Francia, en Caen con la asociación “Générations Futures”.
Publicado el 21/11/2017 en el diario L’Ouest





Deja una respuesta