
EDITORIAL
23 de octubre de 2026
Desde que se publicó el Manifiesto Comunista con su frase inicial “Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo” muchas veces se ha aludido a olas de la historia que parecían barrer con todo lo anterior, instaurando una nueva época. En el otro lado de la trinchera la Thatcher fue la adelantada de los tiempos que están acabando ahora. Su guerra a los sindicatos fue presidida por el “No hay alternativa”, rematado por Fukuyama con su “Fin de la historia».
Cuando Europa aparece como un mero espectador en la lucha por la hegemonía en la economía mundial entre EEUU y China, y su decadencia se afianza cada día. Cuando lo único que se les ocurre para salir del estancamiento es reconvertir la atrasada industria del automóvil en fábricas de armamento. Cuando Alemania parece volver a las andadas y cede su seguridad energética y se ofrece como reemplazo de EEUU en el papel de soporte militar de Ucrania. Justo en ese momento, otro fantasma parece recorrer Europa.
De golpe, esa juventud tantas veces vilipendiada y definida como hecha de cristal, sin aspiraciones, sale a la calle y en pocos días pone patas arriba el tablero político europeo, protagonizando “el gran rechazo” que señaló Marcuse en su momento.
Todavía no se le puede poner nombre al fantasma. Aparentemente no hay nada que lo unifique. En Alemania, Bélgica y Francia se oponen al servicio militar que están tratando de imponer en toda Europa. En España la solidaridad con una víctima de los desahucios pone en primer plano la cuestión de la vivienda, ocupando el centro de la capital, provocando la caída del gobierno, convocando una huelga general y revirtiendo la tendencia de las derechas a barrer al último gobierno socialdemócrata europeo. En Portugal también es la vivienda. En Italia tampoco paran de salir a la calle, para apoyar la lucha Palestina y defender a los inmigrantes. No sabemos hasta dónde llegará el movimiento pero sin duda abre una nueva época. Lo de menos es el nombre del fantasma.
¿Qué no hacer?
Una vez iniciado el estallido, es muy importante ir fijando una agenda que no favorezca la salida reaccionaria a esta nueva crisis. Llama la atención la forma en que los gobiernos están aguantando esta auténtica rebelión. Particularmente en Francia. Después de ver con qué fuerza reprimen en los movimientos iniciales, sorprende que cuando las acciones se extienden las fuerzas estatales no redoblan la apuesta tomando medidas extraordinarias. Creemos que es una estrategia controlada, esperando a que la agitación se agote y entonces buscar formas de contraataque combinando el reconocimiento de las reivindicaciones y potenciando la represión, mientras esperan que el Frente de Le Pen gane las elecciones.
Ya sabemos que cuando se inician levantamientos de este tipo lo más difícil es saber elegir los pasos a seguir para aumentar la presión. Porque en las situaciones críticas cuando dejas de avanzar, empieza el movimiento de caída.
Los gobiernos suelen aprovechar estas acciones para ganarse a la mayoría silenciosa que lo que más detesta es el desorden. Y en cuanto el movimiento rebelde se detiene al no verse resultados, mientras la llamada al orden suele encontrar apoyo sobre todo en el campo electoral. Después del Mayo francés ganó De Gaulle.
Ahora bien, en este auge repentino de luchas de todo tipo, lo que llama la atención es que las demandas son muy concretas, diversas y difíciles de resolver.
Tanto la vivienda en España y Portugal, como la demanda de medios (profesores, pero también mesas de trabajo) para la escuelas exigen esfuerzos de largo plazo. Aunque haya voluntad, cualquier tipo de solución lleva muchos recursos y sobre todo tiempo, algo que un gobierno como el de Francia no tiene.
Por eso la estrategia adecuada sería mantener la presión e ir buscando apoyos, pero sin buscar el todo o nada, porque hoy en día no hay Bastilla ni Palacio de Invierno que tomar. Y aunque lo hubiese, «sacar los pies del plato» en cualquier punto de Europa generaría una reacción inmediata del resto de los intereses afectados, tal como vimos en el caso de Grecia.
La extensión de la lucha
Por eso la cuestión fundamental sería que todas estas chispas que han saltado busquen extenderse hacia la gente que las mira por la tele, mostrando que estos brotes de protesta no son debido a problemas particulares, aunque se hayan iniciado así, sino que son resultado de esta fase del capitalismo que ya no puede ofrecer ninguna de esas promesas de bienestar, aunque estén en las constituciones. No hay blindajes que impidan retrocesos en derechos y libertades.
Y sobre todo, hay que entender que la extensión debe dirigirse a buscar formas de coordinación, colaboración y bases de organización a nivel europeo, la única forma de sostener victorias que se consigan como siempre en los eslabones más débiles de la cadena.
Para dar signos de un cambio cualitativo en la forma de lucha serían muy contundentes, aunque fueran sobre todo a nivel simbólico, las llamadas a acciones comunes en las principales capitales europeas. Sería una forma de contrarrestar la escasez informativa de los grandes medios sobre lo que pasa fuera de nuestros países. Cualquier acción de este tipo sería difícil de ocultar y aumentaría el contagio. Está claro que este efecto está ya funcionando a tope. Cada uno de los reclamos que aparecen ahora ya estaban incubándose desde hace tiempo. Es significativo en ese sentido el caso de Albania. El conflicto sobre la privatización y urbanización de un espacio natural por parte del yerno de Trump ya había alcanzado un grado de enfrentamiento muy alto, pero ahora, al ver lo que está sucediendo en el resto de Europa, vemos cómo se recrudece con toda la fuerza.
De esta forma el transcurso de la lucha va haciendo que el motivo inicial deje paso al cuestionamiento de toda la estructura del capitalismo en esta etapa de crisis múltiples.
Para que estas chispas sigan teniendo efectos hay que explicar a la mayoría de la población que no hay salidas locales. La Europa de los mercaderes, con la nueva vocación guerrera, hará todo lo que sea para impedirlo.
En ese camino está ya convocada una gran movilización de los trabajadores portuarios el 30 de octubre de 2026, fecha en la que se celebrará la segunda Jornada Internacional de Acción de los Estibadores y trabajadores portuarios contra la guerra y la militarización. Bajo el lema «Nosotros, los estibadores, no trabajamos para la guerra», ha sido promovida por sindicatos de más de 35 puertos de Europa y el Mediterráneo. El objetivo principal es rechazar la manipulación de armamento o cargamentos militares y denunciar el uso de infraestructuras civiles para la logística bélica.
Al mismo tiempo, el Sindicato de Estudiantes en España, ha convocado para el día 20 de noviembre una “Jornada de huelgas y movilizaciones internacional estudiantil y juvenil”.
Desde Rebelión Ecologista apoyamos estas dos convocatorias. Invitamos a las organizaciones que están organizando la huelga general a adherirse de la forma que consideren conveniente dada la importancia de iniciar un camino de coordinación de las luchas en marcha.






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