
El autor se plantea la cuestión de en qué medida son útiles para la movilización ciudadana las predicciones sobre la guerra de Irán, en medio de la guerra de los bulos, fake news y simplemente mentiras.

Raúl Radovich. 20 mayo 2026
A pesar de la apatía general que seguimos soportando acerca de los problemas de esta sociedad global e interconectada al instante, los asuntos públicos empiezan a debatirse con más asiduidad ante la apabullante cantidad de sucesos que demuestran que nada será igual en en las sociedades acomodadas donde reina el modo de vida imperial.
En respuesta directa a la nueva guerra que ha desatado el gobierno de EEUU contra Irán, en uno de los principales centros productores y distribuidores de gas y petróleo mundiales, científicos y activistas han decidido organizar el No Normal Tour en el estado español para debatir las posibles consecuencias del conflicto en la vida diaria de millones de personas y la forma de organizarse para romper con esa parálisis que parece afectar al mal llamado mundo “occidental”.
Cómo parte de este debate surge la cuestión de en qué medida son útiles las predicciones sobre lo que puede ocurrir a miles de kilómetros del centro de las operaciones militares, en medio de otra guerra que son las de los bulos, fake news y simplemente mentiras.
Un llamado de atención
En la convocatoria participa muy activamente Antonio Turiel, quien ha hecho y hace una gran labor como científico señalando el peligro que significa no tener en cuenta lo cercano y grave que es el fin de la economía fósil y la acentuación del cambio climático. También está haciendo un gran trabajo de divulgación sobre los límites que tienen las energías alternativas como reemplazo. No menos importante es su dedicación y producción en torno al cambio climático. Pero debemos señalar que, en nuestra opinión, no se termina de valorar la tarea de activismo y propaganda que está realizando al señalar las consecuencias que todos esos cambios van a producir sobre la vida corriente de los seres humanos, y sobre todo la necesidad de que reaccionemos y pongamos nuestras energías en cómo enfrentarnos a los problemas derivados de las irrefrenables tendencias irracionales del capitalismo en esta etapa de consumismo ciego y sordo, que busca soluciones con una mayor explotación y creciente desigualdad, que terminan en una lucha por los recursos que tiende a resolverse a través de la guerra.
En el inicio de una de sus charlas titulada La crisis de sostenibilidad del siglo XXI sobre el periodo histórico que estamos viviendo Antonio Turiel lo resume así:
“Desde principios de este siglo, la Humanidad se ha visto confrontada por un fuerte choque contra los límites biofísicos del planeta. Se multiplican los problemas ambientales, de recursos y sociales, mientras se busca desesperadamente una salida al laberinto de nuestra falta de sostenibilidad.
Desde el punto de vista ambiental, hemos sobrepasado ya 7 de los 9 límites planetarios. No es solo el Cambio Climático el que amenaza a la especie humana: es la contaminación, la pérdida de biodiversidad, la desertificación, la falta de agua dulce… Desde el punto de vista de los recursos, la escasez de combustibles fósiles y de algunos metales indispensables están creando ya problemas y motivando guerras y conflictos por todo el planeta. Y desde el punto de vista social, las crecientes desigualdades y la pérdida de calidad de vida, lleva a nuestros jóvenes a la desesperanza y la radicalidad.
Necesitamos hacer un cambio profundo, que requiere mucho más que una transición energética o cambios de los patrones de consumo. Sin embargo, el cortoplacismo de algunas políticas y la presión constante por el crecimiento económico, cada día más imposible de conseguir, nos llevan a apostar por modelos de transición fallidos y por la desatención de las necesidades reales de la población.”
Estamos de acuerdo con cada una de las afirmaciones que hace Antonio en este texto. Dicho esto, e insistiendo en que valoramos el enorme trabajo en relación con todos estos temas, querríamos modestamente llamar la atención sobre la contundencia con la que Antonio Turiel hace previsiones sobre variables que él considera ineludible que pasen, con fechas incluidas. Es decir, señalamos lo que consideramos un error al analizar cada coyuntura, por la enorme dificultad que significa emitir predicciones, al no tener todos los datos y sobre todo porque desconocemos lo que harán los principales protagonistas en una situación límite como es la de la guerra, lo cual no significa poner en cuestión los análisis de largo plazo donde se manifiestan las grandes tendencias.
Veamos un solo ejemplo, aunque podríamos tomar otro. En su entrada en Oil Crash del 29 de abril reconoce también, lo difícil que es hacer predicciones por las muchas variables económicas y políticas que están en juego. Sin embargo, después de reconocerlo, casi pone fecha y hora a consecuencias que se pueden derivar de la extraordinaria situación actual en Oriente Medio.
Repetimos, después de señalar lo difícil que es adivinar el resultado de todas las maniobras de los actores políticos, hace una afirmación contundente: “vamos a vivir una crisis como no se ha visto jamás, por su extensión, alcance, y duración”. Y a continuación agrega con más rotundidad: “Vamos a tener una gran escalada de precios, seguida de restricciones en el acceso a determinados productos y servicios, para acabar en una situación de verdadero racionamiento. En el caso más favorable, las medidas de racionamiento se tomarán en España a finales de este año; en el más desfavorable, en unas pocas semanas.”
De acuerdo a este planteamiento la consigna que acompaña a su convocatoria a participar en el No Normal Tour es “Prepárense para el impacto”. El mensaje es nítido: como el grito ante del choque del Titanic: ¡todos a los salvavidas!
¿Tendremos racionamiento de petróleo en España a corto plazo?
En la medida que es difícil para nosotros evaluar todas las variables que están en juego en el terreno político, y también en lo militar en este conflicto, no sólo por los propios problemas, sino por la cultura de los actores, en su concepto más amplio, nos limitaremos a analizar en qué medida se puede cumplir este supuesto para España, que es un terreno que se supone conocemos un poco mejor y donde deberíamos entendernos más fácilmente al hablar un mismo idioma.
Para subrayar su opinión Antonio describe en detalle todas las dificultades que se van a crear con la detención de la explotación y exportacion de petróleo y gas del área afectada, el aumento de los precios internacionales, en el petróleo y otras materias primas y otras alteraciones como la inflación, que van a retraer la producción y consumo mundial, alteraciones que finalmente llegarán a España. Y concluye “Estos números nos pueden dar una idea de cuán apurada es la situación de países importadores como el nuestro”.
Ahora bien, el titular del artículo de El País del 5 de mayo reciente “Las importaciones españolas de petróleo de Oriente Próximo se desploman por la guerra” parece avalar las prevenciones del autor. Sin embargo, cuando el artículo entra en materia, nos informa que España recibe ahora el 90% de su petróleo de fuera del Medio Oriente, lo que significa que si se agrava la situación en aquella área, en ningún caso esto va a traer desabastecimiento de forma inmediata, ya que existen fuentes alternativas procedentes de África
(Libia +47,3 %) y América Latina
(México +12,8%)
En este marco parece difícil pensar que en lo inmediato haya racionamiento de petróleo, ya que sin demasiado esfuerzo, con sólo comprar mayor cantidad a alguno de estos proveedores habituales, se resuelve la cuestión aunque la crisis del golfo continúe, ya que ese obstáculo no existe para los actuales suministradores del petróleo que llega a estas tierras.
Repetimos. Esto es solo un ejemplo que refleja una forma de razonamiento, que es un error y trataremos de explicar cuál es su origen. Por lo tanto no sé trata de entrar en detalles de fechas, cantidades y evolución de variables porque nos distraeríamos de lo que queremos destacar.
Estas previsiones se desprenden de un análisis, en nuestro entender demasiado mecánico o automático sobre el tiempo que transcurre entre la comprobación de determinados hechos y las acciones que realizan los actores que actúan en el proceso económico, o político, ya sean bien consumidores, productores, o empresas y gobiernos, así como las organizaciones sociales o instituciones internacionales.
El problema fundamental es confundir un sistema cerrado, gobernado por leyes inmutables como la órbita de un planeta, con un sistema abierto, donde los agentes aprenden, interpretan y modifican su conducta, como ocurre en la economía o la sociología. Cuando un físico predice una trayectoria, la naturaleza no cambia de opinión porque él la haya predicho. En cambio, una previsión social sobre, digamos, una recesión o la subida del desempleo, puede hacer que los agentes actúen para evitarla —o precisamente para provocarla—, invalidando la predicción. Lo mismo sucede con el inicio y final de las guerras.
La dificultad procede de exportar el marco de la mecánica a las ciencias sociales. Pretender predecir el comportamiento social con ecuaciones al estilo de la física tiene el efecto de confundir predicción en sistemas simples con la imposibilidad práctica de predicción detallada en sistemas complejos adaptativos.
Este solo ejemplo muestra la complejidad que hace tan particular hacer previsiones sobre un conflicto con tantas particularidades, porque las ciencias sociales al estudiar el comportamiento humano y todo lo relacionado con la vida en sociedad están condicionadas por un alto grado de imprevisibilidad ya que precisamente la actividad de humanos y colectivos no se puede medir a la hora de hacer previsiones como sucede en el caso de las ciencias exactas. Por lo tanto, las regularidades y particularidades que se expresan en el conjunto de las instituciones humanas no se pueden estudiar con la precisión matemática con la que se determina la fecha en que se produce un eclipse.
Que quede claro: Antonio describe muy bien cada uno de los procesos por separado. Ante tal cambio en una variable se supone que habrá esta otra alteración. El problema es pensar que los actores en cuestión pueden actuar de un único modo, y solo en un tiempo determinado.
“Predecir es muy difícil, especialmente si es sobre el futuro”
Está irónica frase le fue atribuida al padre de la física cuántica, Niels Bohr. La historia reciente nos ha dado pruebas más que suficientes sobre lo poco previsible que son los actos humanos, más que nada a nivel colectivo, cuya suma es mucho más que los individuos que la componen.

Si bien es en el campo de lo social donde más difícil es hacer previsiones, particularmente es a los economistas a los que se le atribuyen desviaciones más alejadas de la realidad. Como dice Jorge Otero en este artículo, “La economía es una ciencia social, pero no es una ciencia exacta. Nunca lo ha pretendido. Pese a ello, hace ya mucho tiempo que las principales instituciones económicas, así como gobiernos, universidades y los propios economistas recurren de forma constante a las predicciones. Estas se aceptan casi como verdades reveladas y ya forman parte de la propia esencia de la teoría económica. El problema es que esos pronósticos fallan más de lo que aciertan.” Y cita al reputado Juan Torres, ex catedrático de economía aplicada: “De 3.200 pronósticos, el Fondo Monetario Internacional (FMI) acierta solo el 6% y de 153 recesiones económicas solo ha sido capaz de adelantar cinco».
En el campo de las encuestas, cómo no reírse en muchos casos de los resultados obtenidos por las empresas, ante elecciones en países de todos los continentes. ¿Quién pensaba que los “locos” Trump y Milei pudieran ganar sus presidencias y continuaran manteniendo sus puestos a pesar de ir a contracorriente de las políticas dominantes durante decenios en esos países? ¿Quién esperaba la sorpresa que significó el triunfo del Brexit, a pesar de la poca simpatía de los ingleses por vuelcos que alteren su vida tan conservadora?.Y sin ir muy lejos, ¿quién pensaba que, después de las derrotas del Psoe a nivel autonómico y municipal, pudiese formar gobierno y durase al menos dos legislaturas?.
Si ampliamos las miras y nos referimos ahora a los grandes acontecimientos sociales, nadie imaginó que la revolución estallase en Rusia, el país más atrasado de Europa, ¿quién hubiera imaginado que la revolución cubana primero triunfase y después se mantuviese casi setenta años enfrente de las costas norteamericanas y sobre todo resistiese tras la caída de su principal soporte, la URSS?, ¿Quién hubiera soñado que una revuelta de estudiantes culminara en el “mayo francés”? Por último, para no hacer tan extensos los ejemplos, yendo al tema que nos ocupa, ¿quién hubiera imaginado cuando empezó la guerra de Ucrania que estaríamos en la situación actual o que tras la captura de Maduro la venta de petróleo venezolano se hiciese bajo control del gobierno chavista?, o, por último, nadie daba un duro por el régimen iraní cuando comenzaron a bombardearlo, sin prever que EEUU estaría intentando negociar una y otra vez.
Un bloguero llamado Quark, con una visión muy parecida a Turiel, que hizo iguales previsiones sobre la inminencia de una crisis general a causa de la guerra de Irán, reflexionaba en los comentarios de la entrada del 12 de mayo en Rayo Negro:
“Algo tengo que reconocer. Si me dicen hace algunos meses, que van a cerrar el estrecho de Ormuz al tránsito marítimo durante dos meses y medio y la economía mundial no se va a hundir, no me lo creo. Todavía sigo asombrado…Todos deberíamos aprender de ello. Ya no se puede dar nada por supuesto.”
Pues nada, no aprendió nada. Al día siguiente titula su columna diaria No hay plan B. Vamos hacia la autodestrucción. y comienza:
“En realidad, el único plan que hemos adoptado consiste en ganar tiempo, antes de estrellarnos contra un muro. En los últimos días, he desgranado en dos post, las principales dificultades que tenemos.
1º) Los recursos se están agotando con mucha rapidez y no somos capaces de reponerlos. Y no me refiero solo al petróleo.
2º) Estamos utilizando un endeudamiento masivo para soportar la financiación de todos los problemas, como si la expansión monetaria fuera la solución perfecta.”
Y aquí aparece el error en todo su esplendor. Las dos premisas son ciertas, pero la conclusión es falsa. De la primera premisa no se desprende automáticamente la otra. No tiene porqué suceder de forma inmediata. Son actores distintos, el petrolero y el financiero actúan en mercados que funcionan autónomamente. Y todos los tiempos actúan con su propia lógica. Uno se dedica a la producción, el otro a la especulación y tiene una dinámica particular. Y sus propios tiempos. Los de la producción son lentos, los financieros inmediatos.
En la crisis del 73 los precios se multiplicaron por cuatro lo que afectó a la economía mundial, pero al final hubo recuperación y todos los actores terminaron adaptándose a la situación. A los 50 años estalló la pandemia, se paralizó parte de la producción y el petróleo no solo no valía nada, sino que tenía un precio negativo. Los vendedores le pagaban a los compradores para que se lo llevasen porque no tenían dónde guardarlo en depósito. Tanto en esos dos episodios como en el 2007 con la debacle de las subprime, en que literalmente se cayó el mundo financiero, algunos vieron la ruina, pero otros recibieron ayuda y como se ve en la película Margin Call, el mismo día que quebraban ya estaban ganando dinero. Ahora haremos una breve descripción de cuál es nuestra visión del conflicto sin hacer previsiones de corto plazo.
EEUU / IsraeI e Irán. Por qué es tan difícil adivinar el desenlace
Prever el desenlace del conflicto entre Estados Unidos e Irán es extraordinariamente difícil debido a una confluencia de factores que crean un escenario volátil y sin precedentes claros. Lejos de ser una guerra tradicional, el conflicto se ha convertido en una crisis de muchas caras donde se entrelazan la ambigüedad estratégica, la guerra psicológica y una desconfianza mutua.
Una de las mayores fuentes de incertidumbre es la falta de objetivos claros, realistas y estables, especialmente por parte de Estados Unidos e Israel. Esta incoherencia estratégica impide vislumbrar un «final del juego» definido. Las metas declaradas de la campaña militar han oscilado significativamente. En un principio, se habló de degradar el programa nuclear y restaurar la disuasión. Posteriormente, el cambio de régimen surgió como un objetivo central. Más tarde los objetivos se ampliaron para incluir la degradación de la capacidad de misiles de Irán y la protección de aliados. Esta falta de coherencia desde el inicio es una falla estructural que impide un resultado político decisivo. El origen de dicha falla puede estar en la incorporación en la doctrina militar del Pentágono la conclusión de que debido a la experiencia adquirida EEUU ya no puede obtener resultados con guerras e invasiones.
Sin embargo, la campaña se lanzó con la suposición, que resultó ser errónea, de que una fuerza militar abrumadora, sin invasión ni pretensión de guerra duradera produciría rápidamente un colapso del régimen iraní. La ausencia de un plan político para el día después, como ocurrió en Irak o Afganistán, pero contrariamente a lo sucedido en Venezuela, lo cual indica que algo han aprendido, ha creado un escenario en el que tanto una «victoria» militar como un «fracaso» estratégico conllevan consecuencias profundamente negativas para los intereses de Estados Unidos.
Las características personales de los líderes y la naturaleza de los regímenes añaden capas de volatilidad, haciendo que sus movimientos sean difíciles de predecir. Las declaraciones del presidente de EE.UU. han sido descritas como contradictorias y caóticas, alternando entre augurar una paz inminente y lanzar amenazas de una escalada devastadora. Esta ambigüedad, que posiblemente refleje las tensiones contradictorias entre diferentes sectores que influyen sobre Trump, dificulta saber si se busca una salida negociada o una intensificación del conflicto, pero da pie a que se hagan todo tipo de hipótesis.
La capacidad de evaluar la estrategia de Irán se ve comprometida por la opacidad del régimen iraní, con la dificultad de verificar sus declaraciones y conocer con certeza qué líderes toman las decisiones, especialmente tras las bajas sufridas en su cúpula. Lo único que se atisba es que los “guardianes de la revolución» han incrementado su poder.
Las partes en conflicto miden el éxito y el fracaso con baremos completamente diferentes, lo que complica cualquier pronóstico y sobre todo el público al que se dirigen es totalmente distinto. Al no haber una victoria militar ambos pueden “vender su triunfo”. Para Estados Unidos, la victoria requeriría alcanzar objetivos políticos complejos como el desmantelamiento del programa nuclear iraní. Sin embargo, para Irán, en un contexto de resistencia y asedio, la mera supervivencia del régimen puede interpretarse como una victoria política.
El conflicto no ocurre en un vacío, sino en un entorno geopolítico complejo donde múltiples actores tienen intereses inconciliables Con el transcurso de las semanas se ha comprobado una creciente divergencia entre los objetivos de Estados Unidos e Israel. Mientras que los sionistas mantienen un enfoque firme en el cambio de régimen, Estados Unidos parece buscar una mayor flexibilidad estratégica para una salida negociada.
Actores como China y Rusia tienen fuertes incentivos estructurales para evitar una derrota total de Irán, y existen indicios de que ya están brindando apoyo material, lo que puede prolongar el conflicto y alterar el equilibrio de poder. La guerra es un polvorín regional que contiene un alto riesgo de expandirse, involucrando a una red de aliados y proxies de Irán en Líbano, Siria, Irak y Yemen, lo que podría desestabilizar aún más toda la región de Oriente Medio.
La posibilidad de una solución negociada se ve constantemente saboteada por la profunda desconfianza y las exigencias maximalistas. Los intentos de alto el fuego son vistos con recelo. A menudo se interpretan no como un paso hacia la paz, sino como una «pausa táctica» que ambas partes utilizan para reagruparse, rearmarse y prepararse para la siguiente fase de la guerra.
El conflicto tiene un impacto directo y perturbador en la economía mundial, lo que añade una presión externa impredecible sobre los contendientes. La capacidad de Irán de amenazar o interrumpir el tráfico marítimo en este punto de paso vital para el suministro energético global le otorga una importante baza negociadora. Cualquier escalada en esta zona dispara los precios del petróleo y genera inestabilidad en los mercados financieros, lo que puede cambiar los cálculos de coste-beneficio de todos los actores implicados. El conflicto no se ajusta a los moldes de una guerra relámpago, que es lo que pretendía el gobierno de Trump y se ha transformado en una guerra de desgaste prolongada y multifacética. Se ha convertido en un nuevo Vietnam en potencia.El conflicto ha evolucionado así hacia una guerra de resistencia estratégica, que se puede describir como una guerra de nervios, presupuestos y paciencia que podría durar años, sin un vencedor claro. Esto crea una situación de «ni guerra ni paz» que es intrínsecamente inestable e impredecible..En resumen, predecir el final de este conflicto es como intentar armar un rompecabezas donde las piezas cambian constantemente de forma. La combinación de estrategias incoherentes, líderes impredecibles, una desconfianza insalvable y una crisis con profundas ramificaciones globales hace que el desenlace sea, por ahora, imposible de vislumbrar. Una situación de empate que por cierto es muy similar a la del frente ucraniano.
Una situación así no significa que Occidente se va a quedar sin petróleo en lo inmediato. Al no poder alcanzar sus objetivos máximos la cesión es la única salida para que el petróleo vuelva a fluir por el estrecho. Lo necesita Irán para seguir abasteciendo a China, Pakistán e India. Lo necesita EEUU para que sus aliados en la región puedan seguir existiendo gracias a poder seguir viviendo del “oro negro” y para que sus votantes no se dejen llevar por una inflación que devora su capacidad de consumo y ahorro. Cuánto vaya a durar ese impasse depende de la evolución general del conflicto mayor entre China/Rusia y EEUU. Las bombas atómicas de Israel no se pueden usar, no está nada claro que Irán no esté a punto de poseerlas, lo que hace que la política guerrera israelí se vuelque a otros frentes hasta que comprendan que ellos también tienen que negociar. Eventualmente puede haber nuevos reinicios de los enfrentamientos, pero al no haber posibilidades de victoria total inmediata.por ahora, ya no se pueden cambiar las condiciones generales que llevaron al empate.
Algunas conclusiones
Si el precio de la energía es el resultado de tantas presiones, maniobras, acuerdos, tanto más difícil es acertar lo que puede pasar en la situación mundial donde están en juego tantos actores y tantas variables.
La dificultad para los activistas sociales reside en cómo bajar a tierra las conclusiones provisorias que se pueden obtener cuando se analiza cualquier situación.
El gran debate del socialismo desde sus inicios es acerca de la relación entre las contradicciones del capitalismo, que genera crisis de distintos tipos, con más o menos profundidad, con los diferentes tiempos y la actuación de las fuerzas sociales ante las manifestaciones de dichas crisis.
El capitalismo no puede durar siempre. Y el tipo de capitalismo de los últimos 70 años ya se está agotando. El greenwashing tiene el mismo destino, ya que tiene los mismos pies de barro al no poder prescindir de la energía fósil, y contar con materiales también finitos. A pesar de todo esto el capitalismo no se va a caer solo.
Pero si no tenemos fuerza suficiente y estrategias claras para responder puede adquirir las formas más salvajes de dictadura con tal de mantener los privilegios de pocos.Su ceguera crecentista, hiperconsumista, derrochadora y depredadora nos ha llevado a una situación en que el cambio climático y los límites que irán alcanzando los materiales que lo sustentan, en primer lugar la energía fósil, creará una situación en que cada vez la mayor parte de la población sufrirá peores condiciones materiales y perderá derechos, tanto en el Norte como en el Sur. Esto no significa que podamos poner fecha y hora a cada uno de los acontecimientos en qué ese conflicto cobre vida.
La lucha ecologista tiene un doble papel. Por un lado frenar todos los intentos a base de burbujas para seguir explotando los recursos naturales y humanos, potenciando la rapiña extractivista. La segunda es lograr organizaciones a nivel local, pero también a escala global para enfrentar a la poderosa maquinaria mundial de empresarios y banqueros. Dichas organizaciones tendrán contradicciones como reflejo de las grandes mayorías entre su potencial para cambiar el mundo y su inercia para tratar de seguir sobreviviendo, algo muy difícil en la sociedad actual, que ya no puede seguir igual.
En este No Normal Tour y en cada una de las luchas hay que debatir de ambas cuestiones en la lucha generando nuevas formas de vida en busca de momentos que señalen caminos de emancipación ante este panorama de barbarie que Gaza no para de demostrarnos. Sean cuáles sean las previsiones, la tarea inmensa que tenemos por delante es la misma.






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