animal vegetal, basura.

Se trata de un libro denso y profusamente documentado que intenta explicar el funcionamiento global del sistema alimentario y sus implicaciones en la agricultura, la ganadería y todas las diferentes industrias ligadas a ellas. En nuestra redacción ha suscitado un vivo debate al tocar temas tan esenciales

Mark Bittman, periodista gastronómico

Comienza analizando si el nacimiento del cultivo y por lo tanto de la agricultura supuso, tal y como era compartido hasta el momento, un avance clave e imprescindible en la evolución del género humano . Cuestiona el autor esta afirmación y deja la duda abierta de si las ventajas fueron o no mayores que los inconvenientes. Eso, está claro que entra en el mundo de la especulación y nunca lo sabremos. Volver para atrás es imposible y nos tenemos que centrar en si el modelo de la agricultura sedentario se desarrolló de la mejor manera para el ser humano o no.

          El paso de las sociedades de cazadores recolectores al sedentarismo y a las sociedades agroganaderas también conllevó la aparición de la propiedad , de la competencia por la tierra y de la desaparición casi total del nomadismo. A su vez apareció la necesidad del trabajo, imprescindible para producir los excedentes necesarios para las poblaciones y para los tiempos de malas cosechas, sequías, etc.  También de las estructuras sociales y de las jerarquías. Con todo, en un principio los seres humanos eran conscientes de su dependencia de la madre tierra para su alimentación y como proveedora de todos los bienes, y existía un fuerte vínculo entre ambos, las personas sabían que eran parte de su entorno y como tal debían cuidarlo si querían seguir comiendo.

Los primeros asentamientos humanos no están exentos de desastres como deforestación, sobrepastoreo, agotamiento de recursos y un largo etcétera. Pero el gran cambio exponencial se produciría con la llegada de los combustibles fósiles y la industrialización. Hasta entonces las técnicas agrícolas habían ido evolucionando de diferentes maneras según las diferentes culturas y se habían ido perfeccionando poco a poco, siempre dependiendo de la fuerza animal, que ayudaba también a la fertilización , así como la primera ganadería.

Las vicisitudes de la agricultura y ganadería, ligadas a las épocas húmedas o secas, a las plagas modularon la evolución de la población mediante hambrunas o épocas de abundancia .

Las cada vez mayores vías comerciales , además de alimentos nuevos trajeron nuevas enfermedades produciendo a veces catastróficas disminuciones de población.

Las necesidades crecientes de alimentos y materias primas llevaron a las potencias occidentales a colonizar nuevas tierras esquilmando las riquezas y a la población. Y más tarde, el aumento de la población traería consigo una mayor presión sobre los campos para producir cada vez más alimentos llevando a prácticas de agotamiento que llegaron a provocar hambrunas. Pero el autor es crítico con esta visión, llegando a afirmar que el hambre es una decisión política. Las hambrunas no son culpa de la subproducción, sino de la desigualdad en el reparto. Según una cita textual: “La verdad es que podría haber alimentos suficientes para todos si la cultura diera prioridad a la salud humana y del suelo”.

Respecto de por ejemplo, la hambruna de la patata en Irlanda: “aunque el catalizador fue el tizón de la patata, el verdadero asesino fue la economía basada en el comercio.

Así asistimos poco a poco como una actividad pensada para dar de comer a la población como finalidad primordial, se convierte en una actividad destinada a obtener dinero, con todo lo que eso conlleva para la población y para las prácticas agrícolas.

Las prácticas coloniales, por su parte, llegaron a arrasar con prácticas agrícolas sostenibles en muchos lugares de África para utilizar a las comunidades como proveedores de alimentos para el primer mundo.

En el caso de América, se produjo una auténtica invasión occidental que robó todas las tierras a las tribus indias locales tomando posesión como si fueran vírgenes y cualquiera tuviera derecho de propiedad al llegar. Se creó una inmensa extensión de cultivos.

Cuando llega la industrialización, la comida impulsa la historia y el suelo impulsa la comida. El desarrollo de la agricultura industrial exigió cada vez más y más suelo. Pero con ella, también para la economía basada en el dinero, el rendimiento y el volumen son mucho más importantes que la sostenibilidad y la planificación a largo plazo. La esencia del liberalismo exige liberar a los que tienen dinero de cualquier corsé para ganar más.

Uno de los problemas que surgió fue el análisis de la realidad y dentro de ella de la agricultura y de la alimentación por partes separadas como si no se tratara de un sistema complejo en que la interacción de las partes provoca propiedades emergentes. Esto supuso el comienzo de toda una serie de decisiones desastrosas para el planeta.

La industrialización introdujo la maquinaria en el campo, y además cada vez más maquinaria, lo que obligó a los agricultores a endeudarse cada vez más  y verse obligados a aumentar a su vez  cada más su producción para pagar el endeudamiento. A veces la cantidad de excedentes producida obligaba a la creación de nuevas industrias que los procesaran y les dieran salida. Esta fue por ejemplo uno de los orígenes de la ganadería industrial, la necesidad de dar una salida a determinados excedentes agrarios. Con ello se creó una terrible maquinaria devoradora de insumos agrícolas.

Al mismo tiempo, en una sociedad patriarcal, la dinámica capitalista llevó a las mujeres a trabajar y por lo tanto a no poder cocinar , con lo que surgió la nueva industria de los platos preparados y del marketing, y posteriormente de la comida rápida.

El mercado de la alimentación siguió las reglas del juego y se convirtió en otro mercado altamente rentable dónde el marketing se impuso y lo hizo también la publicidad creando una población altamente dependiente de los ultraprocesados con todos los problemas para la salud que eso conllevó.

El libro analiza también con detalle la irrupción de las grandes corporaciones de pesticidas y fertilizantes, cada vez más necesarios en una agricultura de monocultivos dónde había que exprimir la tierra para pagar los préstamos bancarios. Así, afirma: “para cualquiera que no sea Monsanto, El Roundup ha tenido muy pocos beneficios reales, ha incrementado los costes de los agricultores sin aumentar los ingresos”

Sobre los problemas nutricionales cada vez más preocupantes, el autor afirma que , aunque no sea obvio a primera vista, todos estos problemas se derivan del matrimonio de la agricultura industrial con el monocultivo de alto rendimiento, que en todos los sentidos va en contra de cómo la naturaleza establece las cosas.

La cultura dominante nos quiere hacer creer que un sistema alimentario más sano y justo, y que pueda seguir alimentando al mundo , es una quimera, cuando en realidad lo ilusorio es pensar que podemos seguir haciendo permanentemente lo que estamos haciendo.

El autor hace una apuesta total por la agroecología como única salida para poder seguir alimentando al mundo sin dañar irreversiblemente el planeta.

Sin duda, un libro que recomiendo por la profundidad de sus análisis y la profusión de datos y referencias que aporta.

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