
Los hechos ocurridos en Venezuela no pueden ser considerados de otra forma que de criminales. Sin embargo, a pesar del lenguaje de Trump, a lo largo de este artículo pretendemos demostrar que no hay un cambio de tendencia en la estrategia de su segunda Administración, que se caracteriza por un repliegue y una mayor búsqueda de acuerdos.

Raúl Radovich
¿Vuelve la “diplomacia de las cañoneras”?
El ataque en Venezuela y las amenazas a Irán, tras el apoyo a Israel en el genocidio de Gaza, parecen fortalecer la idea de que Trump ha pegado un giro en su política incumpliendo sus promesas aislacionistas y de que EEUU ha “vuelto a las andadas” del intervencionismo de “partido único”, de demócratas y republicanos, invadiendo países como forma de abordar los conflictos, recordando la política de las cañoneras empleada en el siglo XIX y las invasiones del siglo XX.
No hay que confundir la utilización de medidas violentas en una negociación, con la costumbre imperialista de arrasar con todo para tratar de conseguir objetivos.
La diplomacia de las cañoneras, que ya en 1902 hizo sufrir a Venezuela un bombardeo y bloqueo por parte de Alemania, Inglaterra e Italia, surtía efecto porque el capitalismo estaba en plena expansión. La invasión de Afganistán, Irak, Libia y Siria, no terminó con el resultado esperado, a pesar de no contar EEUU con una potencia que le pusiera freno, porque su programa era destruir, sin ofrecer otra cosa más que opresión y saqueo, sin planes de reconstrucción.
Su “estilo de vida americano” ya no es vendible, ni siquiera para sus propios habitantes. La droga salvaje, la imposibilidad de acceder a la sanidad, el aumento de la mortalidad infantil, un 25% en treinta años, el deterioro y atraso de las infraestructuras, son solo algunos de los síntomas más evidentes de su decadencia. Dichos signos son consecuencias de unos datos macroeconómicos -récord de deuda externa, aumento del déficit comercial y presupuestario-, que solo han evitado que se convierta en bancarrota porque su moneda es el medio de pago internacional. Y ese es el talón de Aquiles que hace que reaccione como un león herido, cuando comprueba cómo el mundo multilateral formado por muchos de sus competidores, avanza con el diseño de medios de pagos alternativos.
La “operación especial” en Venezuela es una respuesta a esa pérdida de la hegemonía, basada en evitar que China avance en su influencia no solo en el abastecimiento de mercancías en el mercado mundial, sino también en el aprovisionamiento de las principales materias primas para mantener sus todavía increíbles tasas de crecimiento del PIB.
La renuncia a mantener el pulso con Rusia en Ucrania
En nuestro anterior texto, “La habilidad de presentar una derrota como un acuerdo” defendimos que el encuentro entre Putin y Trump, encubría el fracaso en el intento de avanzar en una resolución del conflicto en Ucrania. El objetivo de provocar grietas en la alianza chino-rusa alcanzando un acuerdo para parar la guerra, como primer paso hacia posibles acuerdos en torno al Ártico y el desarme, se demostró inalcanzable ante la firmeza de un Putin reforzado por la situación en el frente. De esta forma se tornaba ilusoria la posibilidad de detener la influencia de los dos países en el Sur Global.
El avance de China tanto en África como en América Latina se ha traducido en acuerdos comerciales, y financiamiento y construcción de obras de infraestructuras. Los acuerdos por parte de Rusia se dan sobre todo en África, particularmente en el campo militar ante el retroceso de la influencia francesa. El texto del enlace nos da una idea de cómo en pocos años ha cambiado la relación de fuerzas.
Es de imaginar la indignación y preocupación que debían sentir los conservadores norteamericanos ante este fenómeno cuando sus gobiernos, tanto republicanos como demócratas, se dedicaban a invadir países con la intención de mostrar quién seguía controlando unilateralmente el mundo, después de la caída de la URSS, mientras China hacía un trabajo de hormiga negociando con cada país latinoamericano y africano el intercambio de productos, la construcción de obras o financiando inversiones.
El estilo de Trump consiste en disparar en todas las direcciones para luego retroceder y ofrecer rebajas, como también demostró con los aranceles. Inmediatamente después de su fracaso en la reunión con Putin, sabiendo que tampoco podía rendirse, dejó a Kiev en manos de la UE, asegurándose de que el apoyo a Ucrania se haría con armas de EEUU pagadas con dinero europeo, y abrió un nuevo frente en Venezuela.
Farol o cambio de estrategia
Analizando la Cumbre de Anchorage entre Putin y Trump empezamos el anterior artículo definiendo las amenazas de Trump a Venezuela como un farol. Con su estrategia de siempre, para desviar la atención de los críticos de Washington, apuntó las baterías contra el gobierno de Maduro, contrarrestando la imagen de blando ofrecida ante Putin. Al mismo tiempo, señaló que “América para los americanos” era una de sus prioridades.
Decir una cosa y la contraria le permite a Trump dar como acertada su opción una vez que cambia de opinión. En este caso el farol no fue tal. Sin embargo, tampoco puede considerarse esta acción como un cambio en la estrategia defensiva y negociadora. A pesar del despliegue durante meses de la flota de EEUU, del bloqueo económico y del abordaje de barcos rusos o el bombardeo de pequeñas embarcaciones, la acción se redujo a una operación comando, muy aparatosa, eso sí, pero operación comando al fin. Se secuestró al presidente, pero el resto de la cadena de mando, el gobierno, el ejército y las fuerzas policiales, se mantuvo intacto. Con Sadam, Kadhafi, Assad y el gobierno afgano, toda la estructura del aparato de estado había caído como un castillo de naipes. En este caso se trató de un golpe relámpago o bien para ejecutar un pacto previo, o para entablar una negociación posterior.

Que la actual estrategia de EEUU es negociadora y defensiva queda clara en su Doctrina de Seguridad Nacional de 2025 donde rompe con tres décadas de estrategia liberal y anuncia una etapa nueva, en la que Estados Unidos ya no busca modelar el mundo, sino proteger el suyo propio. De ahí que el “América First” no sea un significante vacío para ganar las elecciones.
Un documento del Ministerio de Defensa del estado español define las principales características de la nueva doctrina: “(…) supone un punto de inflexión en la doctrina estratégica de EE. UU. El documento representa una ruptura explícita con el enfoque globalista, intervencionista teóricamente respetuoso con el orden internacional basado en reglas que regía el mundo desde comienzos de los años noventa”.
El mismo documento agrega: “La NSS-2025 parte de una autocrítica severa: las estrategias estadounidenses posteriores a la Guerra Fría habrían expandido artificialmente el concepto de “interés nacional”, diluyendo prioridades y conduciendo a intervenciones militares costosas y poco útiles”.
De traiciones o cambiar el palo por la zanahoria
Por lo tanto este despliegue del ejército norteamericano no es producto de la locura, ni de caprichos o impulsos agresivos de Trump, es la aplicación estricta de la nueva doctrina militar que propone restringir sus actuaciones al área que considera propia.
Como señalamos en “La racionalidad del imbécil”, en la sociedad capitalista no hay posibilidad de que un hombre, por más imbécil o genio que parezca cuando actúa como gobernante, pueda ser algo distinto a representante de las distintas facciones o sectores que están permanentemente en disputa, ya sea como expresión de la lucha de clases o de la competencia entre capitalistas.
Cierto es que Trump presenta toda las características psicológicas de un perturbado (Trastorno Histriónico de la Personalidad, Trastorno Explosivo Intermitente, falta de control de impulsos; también signos de acting-out), uno de cuyos síntomas es la sobreactuación, nítidamente expuestas en su discurso tras el secuestro del presidente del país con más reservas de petróleo del mundo. Basta con ver la Conferencia de prensa de Donald Trump tras el ataque de EE.UU. a Venezuela y la captura de Maduro.

Trump no actúa por impulsos. La sobreactuación es una herramienta para deformar la intención de sus planes. Ser impulsivo significa una improvisación que no se puede permitir, ni él, ni su gobierno, y ni en ningún caso los representantes del entramado de empresas sostenido por el complejo industrial militar que gobierna. No por nada en la conferencia de prensa se presentan y hablan los defensores de esos distintos intereses que reunidos previamente acordaron un plan. A pesar de sus excentricidades, Trump da la orden final para la ejecución de órdenes preparadas minuciosamente. Además de tener en cuenta todos estos diferentes intereses en la preparación de la acción, a la hora de la presentación del éxito de la misma hay que tener en cuenta los diferentes “targets” del público que lo iba a recibir. Y entre ellos los primeros, son sus electores, entre los cuales figuran, principalmente, los que en el imaginario estadounidense son los “perdedores”: todos aquellos que han empeorado su situación material por la decadencia del imperio. Ante ellos tiene que demostrar firmeza, arrojo, determinación y capacidad de obtener triunfos para revertir la tendencia a la baja del país.
Todas las frivolidades de un presidente que conoce a su audiencia son solo una mascarada que intenta contentar a los diferentes públicos que lo sostienen. Por eso no hay que dejarse llevar por sus gestos espectaculares. Su referencia a que son los mejores, que vuelven a ser respetados, que van a hacer lo que le da la gana, son solo expresiones para la galería de un electorado que necesita tener expectativas ante los signos de un mundo que poco a poco se derrumba.
A pesar de la hojarasca que suele ventilar en sus discursos, su objetivo en Venezuela con esta operación fue meridianamente claro. Ni es la democracia (cero referencias en el discurso), ni son los derechos humanos, ni es defender unas elecciones limpias, ni por supuesto es luchar contra el narcotráfico. Su objetivo es lisa y llanamente el petróleo, “su petróleo” (26 referencias en el mismo discurso). Y para eso dice que quiere “hacerse cargo de Venezuela”.
Alternativas posibles
Una de las sorpresas de esa rueda de prensa posterior al discurso fue decir que no contaban con la oposición venezolana para gobernar. Al contrario, dio a entender que con quien contaba era con el gobierno actual. A los pocos días se reconoció que fue la CIA quien había recomendado dicha estrategia, lo que demuestra una vez más la ausencia de improvisación. Uno de los errores más graves cometidos por EEUU en la invasión de Irak fue la destrucción del ejército de Sadam dando de baja a los mandos que de un día para otro se quedaron en la calle. Parece que aprendieron la lección. La privatización de parte de la seguridad y de la logística fue allí un auténtico desastre.
En Venezuela la estrategia parece ser más sofisticada. La explotación del petróleo quedaría en manos de las empresas extranjeras en cuanto a la operatoria y la financiación. El gobierno venezolano se encargaría de todo lo demás, intentando replicar el modelo de los viejos protectorados del siglo XIX.
Según Trump, él ejercería el papel de Protector, dejando autonomía al gobierno y aplicando las medidas correctoras si considera que no se cumplen sus órdenes. Teniendo en cuenta que este esquema casi empresarial tendrá que pasar la prueba de las fuerzas reales, surgirán contradicciones de todo tipo. También el gobierno venezolano tendrá sus planes y jugará sus cartas.
Como las inversiones necesarias para la explotación son muy grandes y exigen mucho tiempo ante un petróleo que es difícil de extraer y cuyas características exigen un mayor tratamiento, el objetivo inmediato, más que obtener petróleo, es impedir que China sea quien siga progresando en su acceso al mismo, y deje de recibir el 90% de las exportaciones petrolíferas de Venezuela, tal como se explica en este video.
Pero ese objetivo solo puede cumplirlo si negocia con China. ¿Alguien cree que Trump va a exigir la supresión de las relaciones de Venezuela con China? ¿Es posible pensar que va a impedir que se cumplan los contratos petroleros con las empresas chinas firmados por un periodo de 20 años cuando las principales empresas americanas están instaladas en el gigante asiático y pueden ser objetos de cualquier sanción? Lo más probable es que Trump utilice la base venezolana para mejorar su posición en el principal contencioso con China: las tierras raras. Y para intentar impedir que su rival haga valer el ser el segundo acreedor de EEUU: con solo apretar un botón China puede usar los bonos del tesoro para hacer tambalear al dólar y al gobierno de turno.
Es posible pensar entonces que tanto Rusia como China hayan sido informados de esta agresión con el objeto de tranquilizarlos. Al cierre de este artículo Trump dijo que cuenta con China y Rusia en la comercialización del petróleo venezolano, donde EEUU haría de intermediario, al igual que le ofreció a Rusia recuperar los gasoductos Stream si EEUU se lleva una comisión.
La conclusión que hay que sacar de este atropello no es que EEUU no vaya a negociar. Al contrario, la conclusión es que, a pesar de todo el despliegue militar y el secuestro de Maduro, la propuesta de invasión fue descartada, y que tanto ruido dialéctico es solo una forma de ocultar que está dispuesto a seguir negociando, confirmando aquello de “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”.






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