
Recientemente la fundación Sustrai Erakuntza presentó su nuevo informe “El boom de las plantas de biometanización en Navarra. Sus residuos contaminarán nuestras tierras”, es sólo uno de los muchos informes que están viendo la luz recientemente.

Toni Jorge. Ecologistas en Acción de la Manchuela 28-2-2026
La planificación para el desarrollo del biogás en España efectuada por parte del lobby gasista y asumida a pies juntillas tanto por la comisión europea como por nuestros gobiernos de turno, se diseñó desde el principio por parte de empresas siguiendo sus intereses empresariales y guiadas por el único principio del beneficio. Se trataba de una planificación hecha desde arriba con la intención de que fuera aceptada por los ciudadanos ( básicamente de la España más deprimida) sin rechistar.
Sobre el papel, se antojaba por tanto como un paseo militar. Tan henchido estaba el sector gasista de soberbia que empezó a lanzar informes por aquí y por allá, a desarrollar una estrategia de marketing dónde invirtió muchos recursos y dinero, y a relamerse con el nuevo “El dorado” que estaba a punto de descubrirse y que prometía dividendos a cualquiera que se acercase.
El razonamiento estaba muy claro: Esto va a proporcionar pingües beneficios y esta es justificación suficiente para llevarlo adelante. En este tema la ciudadanía tiene poco que decir porque las políticas las definimos nosotros.
Desde los despachos de Europa, desde los del gobierno Español y desde los despachos de Sedigás y de sus integrantes, eso sí, sin contar con nadie más, se decidió la estrategia, por una parte cómo iba a ser el despliegue de las renovables, en el que todo valía por “la descarbonización, la transición energética y el bien común”, y por otra cuál sería el papel del biogás, ya que se había descubierto la piedra filosofal capaz de convertir la mierda en oro. Lo que antes molestaba y no sabíamos qué hacer con ello, ahora era un valioso recurso económico (dicho así, tal cuál, por diversos CEOs en diversos foros).
En ningún momento se planteó un análisis de la afección que tendría lo que se iba a hacer sobre el territorio y sus habitantes ni del modelo o tipo de despliegue más conveniente. Con ello únicamente se seguía la estela de lo que ya se estaba haciendo con las otras energías llamadas “renovables”( un modelo de concentración en inmensas superficies y con gran impacto).

Cuando el biogás estaba vinculado a la gestión eficiente de los residuos, nadie quería invertir un duro en él, y por eso no se desarrolló el modelo vinculado al autoconsumo de las explotaciones, reducía la rentabilidad si no era subvencionado, y en un mercado disputado este era un concepto sagrado. Pero ahora, de repente, cuando a lo que se vinculaba era a la obtención de energía, la cosa cambiaba radicalmente.
Al principio el tema cogió a los pueblos de la España interior totalmente a contrapié, como la procesionaria que invade las carreteras en primavera, caravanas de hombres trajeados con maletines llenos de promesas comenzaron a llegar visitando propietarios de tierras, explotaciones ganaderas, ayuntamientos y un largo etcétera. Como en una teletienda improvisada fueron liberando una verborrea hipnotizante sobre empleo y resurgir rural. Estos vendedores de enciclopedia con la lección aprendida de memoria hacían sentirse culpable a la gente por desconfiar de lo que les decían, tras tantas decepciones sufridas anteriormente. Dónde cada nueva promesa había supuesto un nuevo clavo en el ataúd que les estaban construyendo. A veces, incluso l@s tachaban de retrógrad@s, trumpistas, ignorantes…
Pero poco a poco fueron levantándose voces críticas, al principio con un argumentario muy básico pero contundente, que se refería a la consideración de los pueblos como zonas de sacrificios y a su deseo de no dar balones de oxígeno a la ganadería industrial. Poco a poco, la información fue corriendo, los contactos se fueron creando, las sinergias estableciéndose. Es así como nos fuimos dando cuenta de que si que teníamos un discurso, y era un discurso sólido. No estábamos en inferioridad de condiciones con los ingenieros y diseñadores de plantas. Nos dimos cuenta de que el argumentario de cada uno está determinado por la posición que ocupa respecto a un tema. No son los mismos argumentos los del vendedor que los del comprador. El vendedor desea vender como sea, pero el comprador no quiere que le estafen. No son los mismos argumentos los del urbanita que vive con todas las comodidades y que no quiere prescindir de nada , que los del habitante de la España profunda que ve como se llevan todas las riquezas de su tierra y lo dejan abandonado. No es lo mismo lo que piensa un ingeniero que diseña plantas que lo que piensa un modesto habitante de un pueblecito que ve como le colocan una instalación industrial inmensa al lado de su campo sin que le pregunten lo que le parece.
Y sí, poco a poco nos fuimos dando cuenta de que no existía ese discurso único que nos querían vender. Que en Europa también se levantaban voces, que había literatura científica sobre el tema que contradecía las afirmaciones que lanzaban. Y se fueron lanzando informes y estudios que resquebrajaban la verdad monolítica que nos querían transmitir.
Lo que no se estaban dando cuenta los del oficialismo biogasístico es que la ciudadanía no sólo se estaba levantando contra el modelo de plantas. Lo estaba haciendo también contra el modelo energético y con la hipocresía de un sistema que sólo utiliza la palabra verde cuando hay dinero que ganar. Contra un capitalismo que estaba utilizando el territorio como moneda de cambio y a sus habitantes para exprimirlos.
Allende la geografía, los diversos movimientos están ahora generando un mismo discurso en un ejercicio de concienciación colectiva y espíritu crítico. Todos piensan que las cuentas no salen como el lobby sostiene: ni los empleos, ni la descarbonización, ni la continua despoblación…La gran mentira de los prestidigitadores en el circo, de los trileros que mueven a toda velocidad sus manos para que hagas la elección equivocada. Y comenzaron a surgir diferentes ideas ,sostenidas por estudios diversos y por los diversos informes.

No, no es verde cuando se hace a nivel industrial.
No, no descarboniza tanto como para justificar su implantación masiva.
No, no está libre de problemas.
No, no es el mismo modelo que el que había en Alemania y Francia.
No, no se nutren de residuos de proximidad cuando son tan grandes.
No, no va a hacer desaparecer el consumo de gas fósil, sino a perpetuarlo.
No, no elimina el problema de los nitratos, ya que no los trata.
No, no crea tanto empleo como el que mantienen
No, no va a reavivar la España rural, sino a hundirla más
No, no convierte los residuos en abono sin más, no es tan sencillo.
No, no son tan simples como nos las venden, son instalaciones de una gran complejidad dónde se producen procesos biológicos con una componente de aleatoriedad.
No, no existen ni existirán mecanismos de inspección suficientes.
Y en el lado del “si”:
Si, sostiene el monopolio de las grandes energéticas.
Si, convierten la España vaciada en zona de sacrificio.
Si, suelen haber fugas, y a veces importantes
Si, con tanta cantidad de residuos habrá olores si o sí. Va a ser muy difícil que no hayan episodios de contaminación, y habrá que rezar porque no sean desastrosos.
Si, necesitan a la ganadería industrial al igual que esta las necesita a ellas.
Si, es una patada adelante y un nuevo palo de ciego del sistema.
Si, pueden producir problemas de salud, sobre todo en los trabajadores que las llevan.
Si, se creen que somos tontos ( y muy tontos) cuando intentan convencernos que lo hacen por la descarbonización, la economía circular y la crisis climática. Angelitos ellos…
Definitivamente si que hay alternativas al modelo de planta que se propone al igual que al modelo agroalimentario que las impulsa, un modelo de derroche, de alta huella de carbono, de necesidad perpetua y dependencia de fósiles. Pero ese otro modelo no permitiría la irracional concentración de riqueza y poder en manos de unos pocos sinvergüenzas psicópatas para los que la ética es un invento fuera de moda.






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