La campaña de información “ no es normal” recorre todo el país

Por toda la geografía diversas organizaciones y personas han lanzado la campaña de divulgación “no es normal” en un intento de aclarar y dar respuesta a las previsibles consecuencias de la última agresión imperialista de EEUU en colaboración con el estado sionista y genocida de Israel. Pero no sólo esto.

Toni Jorge, Ecologistas en Acción de la Manchuela, 14-4-2026

El movimiento va mucho más allá de las previsibles consecuencias de la crisis del golfo al vincular esta crisis con otra subyacente y mucho más profunda que tiene que ver con el modelo económico de dependencia de las energías fósiles y la fallida transición energética, íntimamente ligada con él.

Se trata en principio de unas cincuenta y pico charlas efectuadas en las principales ciudades de España y a cargo de científicos y activistas, desde Antonio Turiel, Carlos Taibo, Fernando Valladares, Yayo Herreros y otras muchas personas menos conocidas pero igualmente válidas. Las fechas establecidas son entre el 13 y el 19 de Abril.

Y ahora, yendo al motivo de la campaña, todos los seres vivos que habitan nuestro planeta están interactuando con él en tanto partes indesligables del mismo, y ningún ser vivo tiene la capacidad de modificar completamente las condiciones de la vida, antes de que esto suceda desaparecen como especie. Es como un mecanismo de protección de la propia vida para evitar desaparecer. Pero en el caso del ser humano la cosa es bien diferente, se trata de la única especie capaz de alterar las condiciones del clima, pero no sólo eso, de empujar los límites del planeta hasta un punto de no retorno que puede producir una extinción semejante a la del pérmico e incluso a la desaparición total de la vida.

De los nueve límites planetarios establecidos por el instituto de resiliencia de Estocolmo, el séptimo ya ha sido superado recientemente, el de acidificación de los océanos. Todos estos límites se han ido sobrepasando fruto de una organización social y económica que ha perdido por completo su conciencia de ser y estar en un planeta finito y que por ello ha creado un sistema que funciona con el único objetivo de crear una pirámide de poder, dominio y explotación.

De los 9 límites , y de los 7 sobrepasados, la población no es consciente nada más que  del mal llamado cambio climático , que en realidad es el calentamiento global. El resto de los límites permanecen en el ámbito de la discusión científica o del activismo ambiental, pero no son objeto mayoritario de preocupación. Lo curioso del caso es que todos ellos son igualmente importantes y todos ellos se han sobrepasado fruto de la actividad humana y el sistema económico que la induce. El planeta está preparado para muchas cosas menos para la hegemonía de una especie viva que crece sin freno y que ha convertido el consumo de bienes y servicios en el único sentido de su ser y estar en el mundo. Una población que había crecido lentamente hasta el 1.900 pero que luego se ha  multiplicado por 7 durante un siglo, ya somos más de 8.000 millones de personas .

El problema por tanto, no es sólo el calentamiento global, al que todo el mundo excepto los cortos de mente y los muy largos de fortuna, asocian ya con el cambio climático. El centrar toda la atención en el tema de los combustibles fósiles la desvía de todo lo demás. Es por ello que todas las medidas estrella se encaminan a la descarbonización y para conseguirlo se ignora el impacto que ello puede suponer en el resto de límites.

Se ha argumentado el cambio climático para la necesidad de transición energética pero el motivo real para la misma no es este sino que se ha alcanzado posiblemente el límite de la fósil , y, sin renunciar a ella, hay que cubrir la nueva por la necesidad de continuar con el crecimiento económico.

La agencia internacional de energía prevé una caída de la producción mundial de petróleo y gas prácticamente del 40% en sólo dos décadas, mientras que en Enero del 2026, el departamento de energía de Estados Unidos proyecta que la extracción de petróleo en EEUU está ya cayendo.

A nadie se le escaba la absoluta dependencia del petróleo a nivel mundial en cualquier ámbito. Desde el agua que bebemos es extraída y tratada con energía, a los cultivos, transporte de materias primas y un casi infinito etcétera que nos hace devoradores de energía desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Por ello, la tan manida globalización puede funcionar mientras existan reservas ilimitadas pero entra en barrena total cuando las fósiles escaseen. Es el clásico ejemplo de un sistema complejo que puede adquirir un comportamiento caótico autoalimentado que por equilibrio tenderá a la simplificación máxima. El sistema global es por lo tanto de una vulnerabilidad extrema si, como los hechos demuestran, escasea la base que lo sustenta.

Como resulta que, como decíamos, a todos los límites planetarios no se les asigna la misma importancia; siempre que existe una excusa, en este caso , la escasez, se aprovecha para empujar los otros. Si prevemos escasez de energía sembraremos de eólicos sin atender a biodiversidad ni a territorio. En este caso se ha tardado muy poco , ante la crisis del golfo, en lanzar un decreto de medidas anticrisis cuya única finalidad es amortiguar las consecuencias y dar impulso a supuestas energías renovables para paliar el encarecimiento y falta de combustibles. Naturalmente se incluyen la biomasa , el biometano y el hidrógeno junto con locuras innombrables como los biocombustibles, ASFs, combustibles orgánicos y una larga retahíla.

Un orden mundial que se rige por las reglas capitalistas acaba generando tensiones entre intereses cada vez más poderosos que arrastran países. Son siempre los intereses de las clases dominantes de los diferentes países los que entran en colisión, y los pactos que están dispuestas a hacer son demasiado frágiles como para durar demasiado. Lo que llamamos geopolítica es en realidad geocapitalismo, la distribución geográfica global de los diversos intereses. En este contexto , como todo el mundo sabe, se inscribe el actual conflicto, una potencia imperialista que apoya como su gendarme a un estado en una región de la que emanan una gran porción de los recursos fósiles.

Por Ormuz pasan el 20% del petróleo, el 30% del gas natural, de los fertilizantes, del Helio y del Aluminio, amen de muchas otras materias primas.

El conflicto, además de unos daños ambientales difíciles de cuantificar produce a medio plazo una escasez a nivel global, que naturalmente afectará a unos más que a otros, y como siempre, los que más las sufrirán serán los menos favorecidos. Los últimos cargamentos están llegando a puerto , después se tira de reservas estratégicas y más tarde de medidas bastante más extremas. La propia directora gerente del FMI , nada sospechosa de ultraizquierdista lo ha expresado con estas palabras ““Ni en el mejor de los casos habrá un regreso limpio y ordenado a la situación anterior”. Lo que no dice que en ningún caso va a haber un retorno a la situación anterior. Y esto sólo en el supuesto de que el conflicto se solucione, lo que se ve harto difícil dado el embrollo en que una clase política descerebrada y falta absoluta de moral ha metido a la primera potencia del mundo.  De momento está el riesgo de estanflación, pero además de un problema de escasez de todo tipo de suministros.

Ya la sola falta de este 20 % es imposible de sustituir con la actual producción renovable, lo que da idea del laberinto en que nos encontramos. El fracaso de la renovable eléctrica industrial es patente cuando tenemos 147 Gw para un consumo medio de 17,5 Gw.

Nos hemos acostumbrado a la falsa idea de que la tecnología nos puede sacar de cualquier atolladero ignorando que la tecnología lo que ha hecho ha sido y es meternos en atolladeros cada vez más difíciles. Esto, el sistema no lo va a declarar mientras sea posible invertir en nuevos sectores y darle balones de oxígeno a los fondos de capital. Los publirreportajes en los medios de información son continuos acerca de soluciones milagrosas encontradas  que resuelven todos los problemas: el hidrógeno, la biomasa, el biogás, la pila de combustible, el coche eléctrico, combustibles sostenibles para aviación e infinidad de tecnologías que nos remiten a la búsqueda que hacían los alquimistas de la piedra filosofal.

No queremos cuestiones complejas sino lo más simplificadas posible. Por ello ignoramos que cualquier intervención que hagamos en busca de un resultado, va a crear este resultado buscado, pero asociado a un montón de efectos que no deseábamos. Tenemos eólica a riesgo de quedarnos sin rapaces, biomasa a riesgo de no dejar recuperarse a los bosques, y así vamos con todo lo demás.

El concepto de normalidad es un tanto perverso, en primer lugar la normalidad no existe en un mundo dinámico. Pero además el estadio anterior al que nos gustaría llegar y al que nos referimos ya es totalmente irrecuperable. Lo inmediato es parar la evolución del sistema, lo cual resulta tremendamente complicado porque para ello habría que priorizar el interés colectivo a costa del privado y parar el crecimiento, lo que en el sistema capitalista va asociado a catástrofe para la mayoría de la población. Basta con mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de lo “anormal” que resulta todo, desde las cada vez más frecuentes y devastadoras DANAs a los terribles incendios de este verano o la casi inmersión en agua del sur peninsular.

Pero los datos son tozudos, la producción de diesel hace años que cae y existen ciertos problemas de escasez, sobre todo en América del Sur. El petróleo ligero de fracking tiene pocos años de margen ya y los petróleos de arenas bituminosas no son muy propicios.

Imaginemos por un momento el impacto global que puede tener la escasez de keroseno y la suspensión del 20 % de los vuelos a nivel mundial… una catástrofe.

Precisamente porque nos solemos fijar en un detalle en lugar de en todo el cuadro, confiamos en la tecnología de las renovables sin darnos cuenta de dos detalles: por una parte que la minería de la que depende la extracción de sus materias primas no se puede realizar sin fósiles, y por otra de que las materias primas en que se asientan pueden agotarse sin poder satisfacer la demanda de ellas. La demanda desde 2016 a 2050 de Ag,Cd,Co, Cr,Cu,Ga,In,Li,Mn,Ni,Pb,Pt sería mayor que las reservas existentes, y además el mercado no podría abastecerse a la velocidad necesaria.

Este horizonte, aunque nadie lo declare, es el que está en origen por la competencia de los diferentes recursos y de los últimos conflictos. En definitiva, los grandes conflictos bélicos se han producido cuando sistemas organizados necesitados de expansionarse han chocado con otros con las mismas necesidades de expansión o de no ser reducidos a la nada.

Este bucle sin fin sólo podrá ser resuelto con un cambio de paradigma: No podemos mantener un sistema que tiende al crecimiento infinito en un planeta finito. La globalización ha sido la necesidad de mantener este crecimiento por parte del sistema capitalista, pero la globalización se asienta sobre un derroche desmesurado de recursos energéticos y de todo tipo que el planeta no puede soportar. No es imposible cambiar a sistemas de organización social colaborativos, resilientes y que no marquen como único objetivo de las personas la posesión de objetos o poder. Es básico por lo tanto la creación de redes, sinergias y experiencias alternativas. Es urgente el tener incidencia social y ayudar a la toma de conciencia de que nos encontramos en una encrucijada en la que hay que dar un paso adelante.

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