Como todo el mundo sabe, gran parte de los actuales países de la Unión Europea han sido potencias coloniales. Las más grandes y primeras potencias fueron España y Portugal. Pero también lo fueron Inglaterra, Francia y el resto, en diversos periodos.

Toni Jorge, Ecologistas en Acción de la Manchuela 6-4-2026
En el caso de Inglaterra llegó a ser la potencia colonial más grande del mundo. También estuvieron Bélgica, Alemania, Países bajos, Rusia, Italia, Turquía y Estados Unidos. El colonialismo es la ocupación y control de un territorio con la finalidad de la explotación de sus recursos naturales.
Normalmente, las potencias coloniales siempre han usado el pretexto de civilizar a indígenas con una cultura retrasada cuál Prometeo llevando el fuego a los seres humanos, pero la realidad ha sido el expolio de los recursos que les pertenecían cuando no la esclavización directa de sus habitantes. La hipocresía del mundo Occidental cuya población lleva desde tiempos inmemoriales aprovechándose de las materias primas para su propio bienestar y desarrollo es proverbial. Desde esta visión, la colonización se produce sólo para aportar los beneficios de una cultura más desarrollada. En la visión colonialista clásica, los pueblos indígenas eran vistos como sin ninguna cultura, más parecidos a los animales que a los seres humanos y en posesión de una visión totalmente errónea del mundo de la que tenían que ser rescatados.
Al amparo de esto, la sucesión de atrocidades cometidas por Occidente en Asia, América del sur, Asia o Australia nunca preocuparon en exceso al no ser efectuadas sobre “iguales” sino sobre meros homínidos.
Por poner un ejemplo, la aparición del automóvil en Europa y América del Norte, y con él la de los neumáticos, provocó episodios sangrientos conocidos como “el holocausto del caucho” en la amazonia colombiana. Durante un periodo de 30 años se esclavizó a los pueblos originarios de la amazonia en lo que constituyó un auténtico genocidio. De unos 100.000 habitantes se pasó a unos 4.000, y alguna población que se rebeló fue directamente exterminada.
Otro ejemplo es que desde que la conferencia de Berlin reconoció a Leopoldo II de Bélgica como soberano del estado libre del Congo, que administró entre 1885 y 1908, las atrocidades ejercidas sobre su población para el robo de sus recursos, el marfil y el caucho fueron escalofriantes . Para ello se utilizó un ejército de mercenarios que llegó a contar con 19.000 efectivos.
La invasión de las tierras de América del Norte propiciada por el desarrollo capitalista del recién creado estado americano robó todas las tierras a las naciones indias y causó uno de los mayores genocidios de la historia.

El esclavismo y la Revolución Industrial (siglos XVIII-XIX) estuvieron estrechamente vinculados, ya que la explotación esclavista proporcionó materias primas baratas (como el algodón) y capital acumulado que impulsaron el desarrollo industrial británico. Las plantaciones esclavistas en América funcionaron como un enclave capitalista que aceleró la producción y la inversión necesarias para la industrialización.
Todo apunta pues a que el sistema capitalista necesitó de la colonización y el expolio para obtener todos los recursos que permitieron su desarrollo acelerado y su hegemonía sobre cualquier otro sistema alternativo.
Curiosamente la mayoría de los ciudadanos del “mundo desarrollado” desconocen estos hechos ya que la narrativa oficial siempre los oculta y la visión que se ha creado es que los países menos desarrollados lo son por falta de capacidades de su población. Muchos dirigentes de la derecha, como la presidenta de Madrid, tienen en su boca siempre dispuesta la acusación de revisionismo y de que “ todos somos culpables de algo, sobre todo los habitantes del tercer mundo “ y de que no se puede mirar el pasado con ojos del presente.
Este discurso triunfa en Europa, ya que evita la culpa y evita la cuestión incómoda de la reparación del daño que se ha hecho. Además, las nuevas generaciones no se consideran culpables de nada de lo que hicieron sus antecesores, pero en cambio no ven nada malo en que se mantenga la desigualdad que se propició ni el bienestar de sus sociedades a pesar del hecho que se obtuvo por el robo de recursos a las naciones colonizadas. Recuerdo una conversación con un amigo que se oponía a la inmigración considerando que los países origen tenían toda la culpa de sus carencias y que él no se consideraba culpable de nada ya que lo que tenía lo había obtenido con su esfuerzo y nadie tenía derecho a cuestionárselo ni a quitárselo. Naturalmente la amistad se interrumpió.
El problema va más allá. En el proceso colonizador se crearon países artificiales al margen de las estructuras que existían, se marcaron fronteras también artificiales que fueron fruto únicamente del reparto que entre sí hicieron las diferentes potencias. El abandono de las colonias que se fue produciendo, en realidad no fue tal, se abandonaron las estructuras de administración cuando las empresas que explotaban los recursos estaban suficientemente asentadas y el flujo de materias primas continuó. Con un agravante, se obtenían las materias primas y a la vez se creaban mercados en las ex-colonias para el comercio de los productos manufacturados. Los mecanismos de opresión y de nuevo expolio creados por el capitalismo en las ex-colonias pueden definirse como brutales: detracción de las materias primas, empresas cuyos beneficios van a parar a su país de origen, mano de obra barata y un largo etcétera que deja naciones empobrecidas con una deuda externa eterna y siempre sometidas a la tutela de los gobiernos que tienen intereses en ellas. Por no hablar de regímenes de gobierno corruptos y manipulados.
Lo lógico por tanto es que, ante este panorama, muchas veces de riesgo vital, y la visión del bienestar de Occidente, se produzcan unos movimientos migratorios hacia los países que un día constituyeron las potencias coloniales. Los movimientos migratorios modernos no los produce el placer de viajar, los produce el capitalismo, la desigualdad y el acaparamiento del bienestar por parte de los más privilegiados. Cuando las desigualdades no existen o son muchos menores, no se producen desplazamientos de la población. Cuando hay paz y prosperidad no hay flujos migratorios. Ante este hecho no existen nada más que dos alternativas: o bien se equilibra el bienestar o se toman medidas de fuerza para “ que no vengan a quitarnos lo nuestro”. Los ciudadanos europeos, al menos la mayoría de ellos están convencidos de que la desigualdad es culpa de los desfavorecidos, de que su bienestar se ha producido a partir del propio esfuerzo y por lo tanto no están dispuestos a compartir nada. Somos por lo tanto terreno abonado para los discursos xenófobos y los propios intereses del capitalismo van a bloquear cualquier medida tendente a equilibrar la balanza, ya que los que más capital acumulan son los menos interesados en repartir y además van a agitar el fantasma de que los que vienen van a perjudicar a los residentes más desfavorecidos. (Como si el motivo de los problemas de estos no tuviera otro origen que la injusticia del sistema).
Pues bien, esto es lo que está sucediendo en Europa, tras una época en que la inmigración era recibida con los brazos abiertos por proporcionar mano de obra barata que permitía un crecimiento económico mayor a los países de la unión, se pasa progresivamente a verla como una amenaza potencial a nuestro bienestar. Y lo curioso es que son las clases más desfavorecidas de Europa las más recalcitrantes a este respecto. Impotentes para luchar contra el sistema que las pisotea, optan por el famoso dicho de “virgencita, que me quede como estoy”.
Parece que todo el mundo opta por el pragmatismo y de que lo de la solidaridad está muy bien como idea pero siempre que a mí no me obligue a renunciar a nada , por eso es tan fácil que lleguen mensajes como “ los tratan mejor que a nosotros” “ vienen a quitarnos el trabajo” “ la mayoría son delincuentes” y un largo etcétera.
Sea como sea, la aberración se está produciendo y con ella la descomposición de los valores sociales que pueden garantizar la paz . También existe de fondo el hecho de que el sistema capitalista se da cuenta de que está en riesgo su propia supervivencia, que esta sólo se puede garantizar por el control de la energía, las materias primas y la tecnología. Pero esto lleva a una lucha feroz por estos recursos que sólo puede desembocar en guerras y en la emergencia de regímenes dictatoriales. Si se lucha por el acaparamiento de los recursos, nadie se salvará, todos saldremos perdiendo.
En este contexto se produce otra vuelta de tuerca de la Unión Europea respecto a su política migratoria, partiendo de la salvajada trumpista de deportar inmigrantes a El Salvador, más tarde de los intentos fallidos de la fascista Meloni, y con la colaboración de la desgracia que ha supuesto para la Unión Europea la presidencia de Von Der Leyen.

Así las cosas podemos leer en la web del parlamento europeo:
“El sistema europeo de asilo no funciona. Hoy el Consejo ha proporcionado importantes respuestas. Podremos tomar el control de la migración a Europa y romper el modelo de negocio de los traficantes de personas. Además, nos aseguraremos de que los migrantes sin derecho a permanecer en la UE sean devueltos verdaderamente”
Este es el análisis que se hace y por lo tanto se toma la decisión de agilizar y simplificar los reglamentos de retorno de los diferentes países con el pretexto de “acelerar y facilitar los procesos de asilo.”
Al mismo tiempo se establece la obligación para los irregulares de colaborar con las autoridades, se establece una lista de “terceros países seguros”, lo que implica que los ciudadanos procedentes de ellos son inmediatamente rechazados.
Parece claro que se empezará a aplicar a partir de Junio de 2026.
De la Europa inclusiva que abolía fronteras y que ponía ante todo los valores humanos hemos pasado sin darnos cuenta a la vergonzosa situación de estados que sólo se unen para enfrentarse a los inmigrantes, origen de todos los males. Pero que no se engañen los ilusos votantes de clases populares a la ultraderecha: primero van los inmigrantes…pero luego irán ellos. Paises como Alemania, Holanda, Bélgica, Francia, España, inductores de flujos migratorios a otros países y que fueron recibidos con los brazos abiertos ahora enseñan sus puños.
LOS EJES DEL REGLAMENTO:
OBLIGACIONES DE LAS PERSONAS EN SITUACIÓN IRREGULAR
De facto, el reglamento convierte directamente en delincuentes a los inmigrantes en situación irregular, impone obligaciones estrictas a los retornados, que, ante todo, deberán cumplir la obligación de abandonar el territorio del Estado miembro en cuestión y cooperar con las autoridades. Además, estarán obligados a permanecer a disposición de las autoridades, facilitar a dichas autoridades un documento de identidad o de viaje, proporcionar sus datos biométricos y no oponerse de manera fraudulenta al procedimiento de retorno.
También habrá consecuencias cuando las personas a las que se haya ordenado retornar no cooperen. Los Estados miembros pueden decidir denegar o reducir determinadas prestaciones y subsidios, denegar o retirar los permisos de trabajo o imponer sanciones penales que, de conformidad la posición del Consejo, también deben incluir penas de prisión.
Como se puede ver, se trata de una criminalización en toda regla, en línea con los postulados trumpistas

HACER POSIBLES LOS CENTROS DE RETORNO
Se pueden establecer acuerdos y convenios con terceros países en los que se creen centros de retención. Estos centros pueden funcionar como centros de estancia hasta la deportación al país de origen o como centros de retención permanente. En la práctica se priva a los inmigrantes de cualquier derecho básico y se les condena a un limbo legal dónde cualquier maltrato es posible. La deshumanización más absoluta.
Externalizamos el problema para evitar el término de expulsión .Se paga a terceros países para que los confinen. Para lavar tan vergonzoso asunto, se pone la coletilla de que estos terceros países deben respetar los derechos humanos, cuando dónde no se van a respetar es en la propia Unión. Doctrina Meloni elevada a categoría de ley europea.
RETORNO DE LAS PERSONAS QUE PLANTEEN RIESGOS PARA LA SEGURIDAD
El Reglamento establece medidas especiales para las personas que planteen un riesgo para la seguridad. Pueden ser objeto de una prohibición de entrada que supere el período máximo habitual de diez años o, incluso, de una prohibición de entrada indefinida. Asimismo, los Estados miembros pueden imponer un internamiento, también en prisión. Este período de internamiento también puede ser más largo de lo habitual.”
No aclara el concepto de suponer un gran riesgo para la seguridad, pero si que aclara la posibilidad de prisión y de que esta sea más larga de lo habitual. Para echarse a temblar!
RECONOCIMIENTO MUTUO DE LAS DECISIONES DE RETORNO
La decisión de retorno de un estado es automáticamente reconocida por el resto de países miembros de la UE sin necesidad de nueva tramitación. Supone una obligación de hacer tabla rasa para cualquier estado, aunque este extremo todavía debe evaluarse y presentarse una propuesta firme.
ORDEN EUROPEA DE RETORNO
El Reglamento sobre Retorno introducirá la orden europea de retorno, un formulario en el que los Estados miembros tendrán que consignar los elementos clave de la decisión de retorno y que deberá ser introducido en el Sistema de Información Schengen. Si una persona a la que se ha ordenado abandonar la UE se traslada a otro Estado miembro, dicho país podrá ejecutar directamente la decisión de retorno emitida por el primer Estado miembro basándose en la orden de detención europea.
Los Estados miembros han decidido que la orden europea de retorno se introduzca en un plazo máximo de dos años a partir de la entrada en vigor del Reglamento sobre Retorno.
ENHORABUENA
Enhorabuena pues a la Unión Europea por hacer de los más oprimidos y jodidos unos delincuentes, porque está claro que eso es lo que son para ellos. Enhorabuena por romperles la esperanza. Por cerrarles cualquier salida. Enhorabuena por reforzar su identidad expulsando al extraño. Enhorabuena por la hipocresía elevada a la categoría de arte. Rechazo esta organización llamada Europa, cada vez más mezquina. Los inmigrantes sólo eran bien recibidos como fuerza de trabajo que impulsara las economías europeas en línea con los postulados del capitalismo liberal, eran por tanto objetos de usar y tirar, al igual que lo son sus países, válidos sólo para la extracción de los recursos que necesitan los países desarrollados. Un auténtico acto vampírico de quitarles la sangre en provecho propio.
Atención a aquell@s trabajador@s que apoyan estas políticas, porque l@s siguientes en la lista son ell@s!






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