
Reseña de “Inteligencia artificial: jugar o romper la baraja” de Margarita Padilla. Ed. Traficantes de Sueños, 2026. Licencia CC. (2026)

Ángel Encinas Carazo. Septiembre 2026
“Este libro es un intento de detener provisionalmente la opinión y darnos más elementos para poder construir un pensamiento propio. No adherirnos a pensamientos ya hechos, ya armados, hasta haber abierto los espacios para montar uno propio. Desembotar la imaginación. No decantarse a la primera de cambio”
Margarita Padilla Pg. 248 del libro.
Una persona de letras como la que esto escribe puede afirmar que ha aprendido mucho con el libro de Margarita Padilla, y hasta ha disfrutado leyéndolo. No solo por la capacidad didáctica de la autora, dosificando el contenido en cortos capítulos de menos de 8-10 páginas, sino, sobre todo, porque le ha ayudado a mirar la Inteligencia Artificial de frente, mucho más allá de las interesadas narrativas de empresas que se juegan con ella miles de millones de dólares, y para las que poco representa un pellizco dedicado a elaborar y difundir narrativas interesadas por los medios masivos.
Conocí este verano a Margarita Padilla en la Universidad de Verano de Anticapitalistas, donde impartió una charla con el mismo título del libro el viernes 28 de agosto.
Margarita Padilla García es programadora de ordenadores, experta en Linux, y sabe bien de qué habla cuando se refiere a los usos e intereses sociales y políticos detrás de la eclosión de la IA. El título de su anterior libro,“El kit de la lucha en Internet” (2012) en esta misma editorial de Traficantes de Sueños, ya adelanta algunos de los objetivos de este libro formulados en la segunda parte del título, Jugamos o rompemos la baraja: nos enfrentamos socialmente a la IA para ponerla al servicio de necesidades sociales, o pasamos de ella y la combatimos por su derroche de energía y materias primas en esos infames Data Center con los que están colonizando países de todo el mundo, entre ellos el nuestro.
En este libro, MP, aborda de forma asequible, tanto los puntos de partida para comprender de qué va esto de la IA, los algoritmos y los datos con los que trabaja, como las implicaciones sociales y políticas actuales en asuntos como la violencia contra las mujeres, el transhumanismo, la discriminación algorítmica o el cuidado de las personas mayores. Para explicárnoslo recurre a la historia, desde el Mark I Perceptron al Alpha Zero de Google; desde las complejas aplicaciones para el procesamiento del lenguaje natural en la traducción automática de texto, hasta los penúltimos avances en esta loca carrera hacia la Inteligencia Artificial General o IAG (AGI en inglés), ese sistema hipotético de inteligencia artificial con automejora recursiva (recursive self-improvement), por la que una IA se rediseña y mejora a sí misma de forma repetida, como un bucle cerrado, creando versiones sucesivamente más inteligentes en cada ciclo, situándose al mismo nivel o por encima de la inteligencia humana. Ya publicamos en Rebelión Ecologista un resumen de un capítulo del del libro dedicado a las Interesadas noticias apocalípticas al respecto.

En distintos momentos del libro refiere Margarita Padilla con total claridad las dos estrategias fundamentales que las tecnologías actuales utilizan hoy para desarrollar inteligencias artificiales, el enfoque simbólico y el enfoque conexionista. El enfoque simbólico se basa en reglas escritas por personas expertas y no necesita grandes cantidades de datos. Las reglas representan el conocimiento humano estructurado sobre determinada materia. Son claras y están predefinidas, por lo que es la estrategia idónea para diseñar sistemas expertos. Representa un razonamiento comprensible para los humanos, haciendo que su comportamiento sea verificable y explicable.

Por su parte, el enfoque conexionista se basa en modelos estadísticos o en el uso de redes neuronales artificiales. Para ello utiliza grandes cantidades de datos y no necesita reglas, que, se supone y espera, emerjan del procesamiento de enormes montones de datos. Este enfoque o estrategia, nos recuerda Margarita Padilla, es ahora el más utilizado, “el que se está llevando el gato al agua”, porque es el más barato y ofrece buenos resultados. Pero, y aquí Margarita Padilla lo subraya con claridad, la diferencia entre ambas estrategias está bien clara a efectos de cultura humana: mientras el enfoque simbólico hace inferencias y deducciones a partir de reglas predefinidas, imitando el pensamiento humano y asumiendo que la inteligencia es razonamiento, el enfoque conexionista se basa en el aprendizaje automático a partir de modelos estadísticos o redes neuronales de inspiración biológica consiguiendo menores tasas de error, pero con dos grandes limitaciones, la enormidad de datos que necesita, y lo más crítico: la no explicabilidad. “Nadie, ni siquiera quienes las han programado, saben explicar en que se basan para tomar sus decisiones. Son opacas” (pg. 106), lo que plantea importantes problemas éticos.

Aún así, este enfoque conexionista, es el que mejor se reviste con los valores de lo nuevo, muy en línea con las corrientes neoliberales de desregulación: “representan la liberación de las ataduras formales y el fin del sometimiento a las figuras de autoridad de la tradición.” (pg. 106). Ojo, nos advierte Margarita Padilla, que esto está en línea con una academia sin maestros, “en la que cada cual va por libre autogestionando su propio itinerario, aprendiendo de aquí y de allá, saltando de un tema a otro, enfrascado en sus procesos personales, acoplado en una red de relaciones que se activan o desactivan según convenga” (pg. 107).
Es así como Margarita Padilla va desgranando los problemas fundamentales a los que como humanidad nos vamos enfrentando con el asunto de la IA, situándola siempre en una perspectiva social, económica y cultural, siempre marcada por el totalitarismo capitalista del mercado.
“Inteligencia artificial”, nos advierte la autora, “es un muy buen término para el marketing, pero no tan bueno para pensar y entender”(pg. 197). Y asevera unas páginas después: “Entender la tecnología no es sencillo, porque está muy presente y a la vez está muy oculta” (pg. 215). Para demostrarlo se detiene en el caso de la tecnología coche, destacando cómo viene asociada al valor de la prosperidad y al de la libertad individual, subrayando lo mucho que cuesta desplazar una palabra de prestigio como estas dos o la misma de “inteligencia” para sustituirlas por otras con valores como los que atribuimos a, digamos, una ambulancia, un coche de bomberos o un recurso limitado y comunitario (pg. 207). Por eso, insiste, “va a ser muy difícil desplazar el término “inteligencia artificial” por algún otro con menos celofán, tipo “sistema que genera resultados a partir de inferencias sobre los datos de entrada”” (pg. 210).
Concluye el capítulo “Entender”, uno de los más interesantes del libro (pgs. 205-211), subrayando, en una clara apuesta por el término “jugar” del título del libro, con que, en lugar de servir al mercado, debemos preguntarnos “primero por qué construirlo, si es realmente necesario, quién lo pide, quién gana y quién pierde”. Para que sirva a la humanidad es preciso controlar “las prácticas de quienes participan en su diseño, producción, despliegue y gobernanza”. Y eso se consigue manteniendo “suficiente presión feminista en el desarrrollo de las tecnologías, en un contexto endonde las consecuencias mterials menoscaban cualquier posibilidad libeadora” (pg 211).
A la problemática del Hacer le dedica los dos últimos capítulos. En el primero, Hackers, nos hace partícipes de una cultura en la que, en lugar de los expertos activistas hackers que todos tenemos in mente, cabemos todos como ciudadanos comprometidos con las libertades y lo público. Y es que “la aureola heroica del hacer como cowboy solitario y errante que va por el mundo digital defendiendo su propia ley no tiene caso”(p. 253). Y es que hay unos principios irrenunciables en la ética comunitaria hacker, que todos podemos compartir: el software libre con gobernanza comunitaria; la inteligencia comunitaria y el conocimiento compartido con la lógica de la cooperación, …
Respecto a los problemáticos momentos presentes con la IA en las portadas de los periódicos y telediarios, podemos adoptar distintas actitudes: esperar a ver qué pasa con lo que puede interpretarse como un bluf o un globo que pinchará por sí solo; resistirse como frente a una amenaza muy seria contra la justicia y la equidad; o temerla como una amenaza para la humanidad en su conjunto. Margarita Padilla nos invita a ir más allá: “tiene que haber más maneras de relacionarse con ella. Tiene que haber maneras propias, activas, creativas, desafiantes, apasionadas de a la vez resistirse y generar conflictos, y al mismo tiempo construir y abrir posibilidades” (p. 248)
Lo primero que deberemos hacer, nos dice Margarita Padilla, es dejar de utilizar lo menos posible el término “inteligencia artificial” para poder nombrar cada cosa según lo que creemos que es. “Si la imagen mental que tenemos es la de un gran monolito envuelto todo él por un enorme celofán, entonces la crítica se hace sencilla, se hace simple”. Tenemos que “romper el bloque, separarlas [las diferentes IA]. No reducir la complejidad, sino aumentarla”(pg,249).
En definitiva, subraya al final del libro, “jugar en la inteligencia artificial no es solo resistirse y luchar para que se implanten intenciones éticas. No es solo luchar por las regulaciones y denunciar las relaciones de poder. También es disputar políticas digitales, defender y construir lo público y lo común. Es aceptar la fricción, ensuciarse las manos…” (pgs. 262-3)
Como se ve, no son pocas las razones por las que los TCI (Torpes con Interés) debemos perder el miedo y leer el libro de Margarita Padilla. Será una forma de salir de la parálisis con la que los medios del poder, con sus noticias apocalípticas tratan de dejarnos inermes ante la(s) IA.
Corrales del Vino. Zamora.






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