
En esta situación tan peligrosa para las clases populares, las reivindicaciones de la izquierda tendrán que estar ligadas no tanto al más como al mejor.
EDITORIAL
Lo sucedido estos días con la resistencia a un desahucio, los decretos de vivienda y la respuesta en la calle, al igual que en otros parajes europeos, parece indicar que los jóvenes empiezan a soñar con un mundo distinto. Ya saben que no pueden aspirar a ese mundo que ya no existe, donde se privilegiaba la salida individual.
Este puntapié inicial era indispensable, pero sólo es el comienzo. A partir de ahora cada paso tiene que ser muy sopesado porque el poder hará todo, todo lo que sea necesario, para convencer por las buenas o por las malas que la propiedad no se toca. Y como sabe muy bien el Sindicato de Inquilinas, la vivienda es el principal activo de esa gran burbuja que es el mundo financiero. Pero también es la base material que permanece cuándo todo se viene abajo, si no es afectado por la guerra. Cuando no se puede ganar dinero con la vivienda, al menos esta sirve como refugio para perder menos que con el resto de mercancías.
Y no es casual que cuando en Europa se oyen nuevamente tambores de guerra, reales o fingidos, la juventud francesa y alemana se resista a incorporarse al servicio militar. Al mismo tiempo en Francia, cuna de las revoluciones, los estudiantes secundarios, al igual que sus mayores, ponen al descubierto la desigualdad económica y social, también en la educación, agudizando la permanente crisis política. Mientras, aquí la escalada de precios de alquileres y la propiedad inmobiliaria hacen imposible el acceso a la vivienda de todo aquel que, joven o no, dependa de unos salarios que no acompañan a la inflación.
Así como cada derecho fue conquistado a través de siglos de lucha, no podía admitirse que su supresión no generase una reacción por parte de los afectados.
El trabajo de hormiga de los movimientos sociales que se dedicaron desde el estallido de la burbuja del 2008, a la defensa de los afectados por las hipotecas y de las víctimas de los desahucios ha permitido pasar de esa etapa de resistencia a una nueva de ofensiva como herederos auténticos del 15M.
En sólo una semana han logrado la convocatoria de una huelga general, a la que los sindicatos no han tenido otra opción que adherirse.
Ante está situación el gobierno ha llamado a elecciones para ver si con este nuevo tiempo político puede revertir un triunfo de la derecha, que anuncian las encuestas.
En este nuevo escenario político, el objetivo fundamental debe ser recuperar la participación de la mayor parte de la población trabajadora en la política con mayúsculas recordando aquel viejo refrán socialista de que la liberación de la actual esclavitud solo puede ser obra de los propios trabajadores.
Eso significa organizarse, no para ganar una elección, que también, sino para cambiar la vida, ahí donde ella transcurre. Y en este momento el debate sobre la vivienda puede ser una excelente ocasión para entender el delicado momento en el que estamos, con la extralimitación, el cambio climático y todos los elementos de la policrisis final de este capitalismo metastásico. En su loca huida hacia adelante, estamos ante la lucha militar por las últimas migajas de la energía fósil, ante el control de la población con la ayuda de una IA desmelenada, con el peligro que supone como herramienta militar, de control de la población, como
tecnología no democrática y en poder de pocas manos. Otra vez
la guerra como “salida” de la actual encrucijada capitalista.
En esta situación tan peligrosa para las clases populares, las reivindicaciones de la izquierda tendrán que estar ligadas no tanto al más como al mejor. Quizás, por ejemplo, no haya que hacer tanto esfuerzo en la construcción de viviendas, sino en la distribución y las reformas, en línea con un obligado decrecimiento.
Todo tiene que ser motivo de debate desde la raíz. Y tanto la preparación de la huelga general como el proceso electoral son una excelente oportunidad para hacerlo. Por eso parece imprescindible convocar para conseguir la mayor afluencia a ambos eventos que pueden significar una confirmación del cambio de ciclo político.
En cuanto a las elecciones, ante la tamaña irresponsabilidad de las organizaciones mayoritarias a la izquierda del PSOE queremos recordar algunos aspectos a tener en cuenta que nos parecen indispensables.
- Hay que evitar el catastrofismo. No hay que dar por hecho que la derecha va a ganar.
- Solo es posible avanzar con la unidad de las fuerzas alternativas de las izquierdas, asegurando que cada organización política o social mantenga su independencia enriquecedora.
- Necesitamos unas primarias abiertas a todas, que acaben con personalismos tóxicos. Y en caso de conflicto, el sorteo. Las elecciones a dedo sabemos como terminan.
- El esfuerzo programático deberá centrarse en los puntos de unión y no aferrarse a los puntos en que se está en desacuerdo.
- La campaña deberá centrarse en la vivienda con un programa claro y contundente.
- De ser posible el acuerdo, además de las luchas por las libertades, los programas deberían contemplar una mirada larga con propuestas acordes con la crisis energética, el calentamiento global (el inminente desastre de El Niño), la extralimitación general y la necesidad de un decrecimiento ordenado y justo.
- Cuando suenan tambores de guerra también en Europa, sería también necesaria una oposición clara y meridiana a los gastos militares y al servicio militar, así como un apoyo a Palestina, que nos muestra un futuro posible.
- La dimensión global de los problemas más importantes que afectan a nuestro futuro se deberá contemplar en los programas, avanzando hacia una coordinación con otros movimientos europeos en lucha.
- Para recuperar la dignidad de la política debería ser un compromiso común la limitación salarial y de mandatos de las candidaturas.
- Por encima de todo, se debe buscar en cada circunscripción la mejor fórmula para asegurar alternativas posibles a la coalición de derechas.
- En cualquier caso, programas y candidaturas deberán formar parte de una estrategia dual, que combine la lucha en las instituciones con las luchas en las calles.
No podemos olvidar en ningún momento que lo que está en juego en la huelga general y en estas elecciones son los derechos y libertades para los próximos años. No podemos mirar para otro lado. Algo se mueve, empujamos con fuerza, organicémonos en nuestros pueblos y ciudades.






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