
La vorágine de la ambición de Trump y su equipo de halcones siembra abundantes dudas sobre la racionalidad de sus amenazas e intervenciones. Es posible que pueda conseguir parte de sus objetivos, gracias a la debilidad, la traición o el silencio del resto del mundo, pero la falta de control sobre las consecuencias de sus actos abre la puerta a una insoportable incertidumbre en la que el miedo no podrá instalarse indefinidamente.

Julio Fernández Peláez
Hay un asunto preocupante en el rapto de un presidente de un país soberano por parte de unos cuantos militares recibiendo órdenes de un tarado mental y mentiroso compulsivo que es incapaz de articular dos palabras seguidas con algo de sentido, pero este asunto no es el rapto mismo, a pesar de que, como ya se ha dicho repetidamente en medios oficiales, pueda tratarse del inicio de la quiebra definitiva de la legalidad internacional, ya precariamente sostenida por la ONU. No, lo relevante no está en el hecho ni en el cómo se ha llevado a cabo sino el impulso que lo ha motivado. Y es que este impulso irracional es sintomático: no hay manera de disociarlo de una acción demente caracterizada por no medir las consecuencias más allá del primer golpe.
Es cierto, tal y como reconoce sin pudor Trump, que el objetivo es apropiarse de las mayores reservas del mundo en petróleo. Y no es menos cierto que si se confirma la obediencia del gobierno de Delcy Rodríguez podría conseguirlo. Pero, al contrario de lo que sucedió con la Guerra del Golfo, donde había intereses y objetivos similares, la estrategia, por ahora, no es la de establecer una secuencia concatenada de hechos: no hay declaración de guerra ni invasión a la vista ni trama que pueda sostener una apropiación indebida de recursos a largo plazo. 50 millones de barriles de petróleo de «alta calidad» es el precio a pagar para salvar a un régimen disciplinado a la fuerza, pero es muy complicado que este gran chantaje, por ahora el mayor del siglo, pueda llevarse a cabo de manera continuada sin un esfuerzo más grande del inicialmente previsto. Saquear un territorio nunca fue tarea fácil y lo que ahora da la impresión de ser una farsa (¿tal vez pactada con el mismo Maduro?) podría convertirse en una brutal desestabilización regional a medio plazo.
Por otra parte, a no ser que el plan sea precisamente no tener ninguna estrategia racional y actuar de forma desmedida continuamente, no se vislumbra un proceder claro que resuelva la ecuación de manera limpia y sin más intervenciones. Este modo de operar no encaja en absoluto en los modelos tradicionales. Un detalle: no existió una orden de detención contra Maduro, solo especulaciones difusas por parte de un fiscal, y este modo anómalo de entender el Derecho podría ocasionar que Maduro saliera libre por justicia tarde o temprano, a no ser que la administración de Trump también esté dispuesta a acabar con cualquier atisbo de justicia en Estados Unidos. ¿Y entonces, volverá Maduro a ocupar su trono? Seguro que no.
A simple vista, no parece que exista una secuencia coherente en la primera gran operación del fascista Trump, solo el vandalismo y la bravuconería propios de un vulgar matón de barrio, nada más. Y sin embargo, todo indica que podría dar «buenos» resultados, al menos temporalmente. ¿Cómo es posible?
O me das lo que pido, o te mato. Esto es lo que dice Trump el pirata (dentro de uno de sus muchos disfraces), y tan seguro está de que puede hacerlo que lo grita sin tapujos en redes sociales infestadas de totalitarismo, para de esta manera extender el miedo por el mundo y provocar un forzado respeto al Imperio. Un Imperio que, por otra parte, no es capaz de enderezar la deriva multipolar del necro-capitalismo y que, en consecuencia, teme por un declive sin remedio en su voluptuosa y grosera desnudez que ya no levanta el deseo de nadie.
De momento, hay que reconocer que lo logrado por los delirios de grandeza de Trump tiene mérito y puede considerarse un triunfo a nivel local, pues la consiguiente bajada de los precios del crudo, tras la perspectiva de una liberación en el mercado de millones de barriles, tiene una consecuencia inmediata: un freno a la inflación que amenazaba con amordazar la economía del país norteamericano, necesitada, para mantener el suicida nivel de consumo, de más y más recursos.
Sin embargo, que lo hagas una vez, e incluso que lo repitas varias veces, no significa que lo puedas hacer siempre, Donald. Sobre todo, si el terror que transmites se articula en forma de amenazas que anticipan los hechos, porque esto lo que provocará es, sin duda, una reacción colectiva en tu contra, además de una paranoica preparación sobre el siguiente movimiento. Y ahí, justamente, está el problema. ¿Qué hacen los matones cuando no se salen con la suya al momento? ¿Golpean más fuerte? ¿De qué manera y dónde?
Sí, la imprevisibilidad de las acciones de un tarado pederasta y sus acompañantes de juego, algunos de ellos, como Marco Rubio, corrigiendo la verborrea sangrante del jefazo, es lo que realmente está ocasionando el estado de conmoción general. Porque no solo no se intuye cuál puede ser el resultado final del siguiente paso anunciado abiertamente entre gestos groseros y grotescos, sino que tampoco hay pistas sobre su magnitud. Depende del cabreo o de la necesidad de ostentar el miembro viril, o de cuán omnipotente te sientas ese día, pero también depende de las ambiciones desmedidas de los inversores en fondos buitre, alarmadas por la escasez de ciertas materias primas. Ya hemos visto, eso sí está comprobado, que bailar de forma jocosa puede ser interpretado como un reto o un ataque al honor del führer naranja que, recordemos, tiene la clave para el lanzamiento de bombas nucleares.
China tiene un plan: apropiarse de los mercados gracias a su productividad y facilidad para hacer negocios. Su dominio reside en el control financiero y su meta consiste en imponer un sistema de intercambio de bienes más allá del dólar. También Rusia tiene un plan. No aspira a competir con China en capacidad mercantil pero necesita asegurar su integridad territorial, conquistando, si es preciso, territorios nuevos que considera suyos desde siempre (¿Llegarán a Odesa?).
¿Pero cuál es el plan de EEUU? ¿Apropiarse del mundo sin pedir permiso a nadie? ¿Después de gobernar Venezuela desde Whasington y querer convertir a Groenlandia en un Estado Libre Asociado, invadirá Cuba, incendiará Irán (ya lo ha intentado), y seguirá por Colombia? ¿Será este el orden u otro elegido aleatoriamente? ¿Y qué más? ¿El espacio sideral? ¿Y para cuándo? Y sobre todo, ¿es esto compatible con la pervivencia de una globalización que tiene sus fundamentos en el libre mercado y no en el robo y el saqueo? ¿Es un fascismo en estado de gracia, divino y planetario el medio con el que va a operar Trump y su equipo? No olvidemos que existe un preámbulo conocido: Gaza también fue un experimento comandado por las élites de EEUU y no solo un gran acto terrorista sionista.
Trump lo quiere todo ya, tal que niño caprichoso que dice que los juguetes son todos suyos. Sin embargo, el petróleo de Venezuela tiene (o tenía) dueños y pretendientes preferentes declarados. ¿Qué va hacer, golpear a China si ésta saca a relucir sus contratos firmados? ¿Bloqueará los buques que riegan de fósiles el país asiático del cual depende toda la industria tecnológica estadounidense? ¿Robará todos los barcos petroleros que intenten llegar a Caracas? En parte ya lo está haciendo, ¿pero durante cuánto tiempo podrá seguir haciéndolo? ¿Será suficiente para paliar las deficiencias del modelo exageradamente extractivista que domina la economía de EEUU?
Por los primeros movimientos, lo que queda claro es que, de una forma u otra, con traiciones o sin ellas, Trump se ha hecho con el mando de un país llamado Venezuela y en consecuencia, queda anulada la declaración de independencia bolivariana, de tal forma que todo lo que existe en ese territorio pasa a pertenecer (virtualmente) a EEUU. Pero seguimos insistiendo: ¿cuánto hay de propaganda en estas afirmaciones y cuánto de confabulación con otro régimen que, de pronto, se ha situado en la misma línea retórica del capitalismo extremo?
Y de nuevo la pregunta: ¿China y Rusia lo van a permitir? De momento parece que sí, pero entonces: ¿qué otros actos de matonería se les va a conceder para que los lleven a cabo estas dos superpotencias que terminan de configurar el trío? ¿Las tierras raras de Ucrania forman parte del intercambio entre matones? ¿Dejarán a China campar a sus anchas por África, a cambio? Por ahora, y por extraño que parezca, lo único claro en todo este lío es que un tío con cara de cerdo dice ser el rey del mundo y por desgracia, no nos está permitido reírnos porque, además, tal vez sea cierto (en lo que a Europa concierne).
Hablemos de Groenlandia. ¿Cree Trump que bastará con cambiar el nombre como hizo con el Golfo de México a cambio de 12 cifras de ceros? ¿Estará dispuesta Europa a elegir entre fascismo y muerte? ¿Y qué elegirá, fascismo?
Hablemos de Cuba. ¿Es lo de Cuba un reto ideológico, pura venganza por aquello de la Bahía Cochinos, ganas de holocausto, o hay algo en Cuba que no sabemos además de la caña de azúcar?
Sí, cierto que hay mucha gente atónita que no entiende cómo Trump y EEUU pueden pretender ganar respeto sin dejar de fomentar la ignominia al tiempo que hace el ridículo en redes, pero es que los psicópatas no saben realmente que hacen el ridículo y, además, se la suda el respeto. Es más, lo que desde la cordura nos puede parecer una locura, toma otra dimensión una vez cometidos los crímenes.
Algo sí está claro: a Trump no le va a quedar más remedio que seguir haciendo el uso de la fuerza si quiere conseguir todo lo que desea imperiosamente. De momento, se ha llevado una pieza de gran valor estratégico, y también ornamental, además de los bienes materiales que espera sean donados por Delcy Rodríguez en nombre de Venezuela para mantener un chavismo sobre el que recae la sospecha de ser cómplice del asesinato de los fieles guardianes cubanos, a cambio, tal vez, de una seguridad política que no sabemos en qué acabará. Ahora bien, ¿y si el gobierno de Delcy se hace fuerte y decide plantarle cara a EEUU y desobedecer los caprichos de papá tonto? No, esto último no sucederá. Por desgracia, la carta ganadora, es, por ahora, el fascismo sin rodeos.
Da la impresión, sin embargo, que el asunto va para largo, porque a los matones se les acaba el chollo cuando dejan de amedrentar, por más matones -algunos de ellos silenciosos y en la sombra- que se pongan de su parte, motivo por el que no pueden dejar de hacerlo. Así que seguiremos oyendo amenazas y más amenazas durante semanas, meses y años, y algunas (¿cuántas?) se llevarán a cabo.
Sin embargo, no es posible amedrentar todo el tiempo sin golpear cada vez más fuerte. Así que Donald, si quieres mantener el tono muscular de tus impulsos no te va a quedar más remedio que hacer el bruto de verdad. Y es entonces cuando se revelará tu auténtico rostro criminal (el actual podría ser una caricatura comparado con el que puede aparecer, de pronto). Tendrás que imitar a Netanyahu, pero a lo bestia. Con invasiones incluidas, como hace Rusia. Y con genocidios, como hace Israel ya con tu permiso. ¿Está el pueblo americano preparado para apoyarte en esto?
Ahora ya tienes la medalla del Nobel de la paz. Dedícate a pasar a la historia como un hombre pacífico, amante de la fauna doméstica (como Hitler) y entregado a las labores de caridad con las víctimas del fentanilo que arrasa en tu país. Lo de respetar a razas inferiores va a ser mucho para ti, lo sé, pero tal vez una huerta y un tiempo de tranquilidad para tu cabecita inquieta te permitan aplazar para mejor ocasión lo de colonizar toda América como hacían tus antepasados, labor ingente se mire como se mire.
Este es mi consejo, Donald, los tiempos han cambiado y podría suceder que el tiro te saliera por la culata, nunca se sabe cuántos enemigos pueden levantarse de la tumba de la noche a la mañana. Tienes muchas cuentas pendientes, y las tiene el Imperio.
Pero sobre todo: que te vea un psiquiatra. Un día de estos te va a estallar una palabra mal dicha en el hocico, con tanta megalomanía extravagante y peripatética. No lo vas a hacer. Ahora mismo estás en la cima de la ola, te está saliendo todo redondo, tal y como tú querías. Qué lástima que los magnicidios estén tan mal vistos. Solo una cosa más: ¿has comprobado que las claves que te pasaron para activar los botones rojos son las correctas?
Fascismo o muerte. Este es un dilema falso que es preciso ir desmontando urgentemente.






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