
Desde la aparición del primer pozo industrial de petróleo en 1859 en Pensilvania, la industria petroquímica fue encontrando cada vez más aplicaciones al uso de cada vez más compuestos plásticos hasta que invadieron la vida cotidiana. Lo que en los años 50 no era sino algo anecdótico se convirtió en la norma.

Toni Jorge. Ecologistas en Acción de la Manchuela. 29-1-2026
SOBRE LOS PLÁSTICOS
Básicamente el plástico es una mezcla de polímeros que a su vez son cadenas de monómeros, y ahí radica su versatilidad, con piezas pequeñas de un puzle podemos dar la forma a una enorme cantidad de moléculas diferentes y con propiedades totalmente diferentes. Pero por otra parte se trata de compuestos con una vida media muy larga, de entre 100 a 1000 años y cuyo final de ciclo no supone la desaparición completa, pueden seguir contaminando durante siglos.
Nuestra economía se ha hecho cada vez más dependiente de estos compuestos derivados del petróleo hasta que resulta tremendamente difícil prescindir de ellos en cualquier artículo que adquirimos o cualquier alimento que compramos.
Los plásticos se producen básicamente a partir del crudo pero también del gas natural, depende del compuesto que busquemos. De la nafta y otros productos del refino del petróleo que se craquean, es decir, se rompen en moléculas más pequeñas que servirán de base a los productos finales. El etileno butilenos y propileno obtenidos a partir de olefinas, constituyen las moléculas básicas de la mayor parte de plásticos.
Los plásticos más comunes ( aunque hay muchos más) que vamos a encontrar son
El Polietileno (PE): es el más popular y se utiliza en bolsas, botellas y envases. Su materia prima principal es el etileno, derivado del petróleo o gas natural.
El Polipropileno (PP): se encuentra en envases de alimentos, textiles y productos de automoción. Proviene del propileno, otro derivado del petróleo.
Poliestireno (PS): empleado en la fabricación de envases y productos desechables. Se produce a partir de estireno (derivado del petróleo).
Policloruro de vinilo (PVC): se utiliza en la construcción y se obtiene del cloruro de vinilo, que también proviene del petróleo.
SU PRODUCCIÓN
Actualmente entre el 4 y el 8 % del petróleo, ya que es difícil precisar más las cifras se dedican a la producción de plásticos. Si estamos hablando de que la producción mundial es de unos 36.500 millones de barriles, lo que por 135 kg por barril nos da 4.927 millones de toneladas, de las que un 8 % suponen 394,2 millones de toneladas dedicadas a la fabricación de plásticos lo que encaja con el gráfico 1 publicado por Word in data, el cuál marca también las proyecciones de fabricación a largo plazo

Esto, junto con la dependencia absoluta de la industria, tanto la alimentaria como la que no lo es supone una fuente de ingresos nada despreciable para las empresas petroleras, y por lo tanto el nulo interés en limitar la producción. Más bien al contrario, todas las investigaciones se encaminan a nuevos usos. Pero es que además, las grandes empresas del sector de las fósiles falsean los datos de reciclaje que hacen, poniendo en el mercado envases nuevos como reciclados tal y como expone una reciente investigación del diario “ público”
OTROS USOS
Nos quedan dos usos más de los plásticos con una elevadísima contribución a la contaminación y que la mayoría de la población desconoce en profundidad : la ropa y los productos de belleza, cremas hidratantes y productos para bebés.
Respecto a la ropa entre el 60 y 65 % de los tejidos textiles son fabricados a partir de plásticos, principalmente poliéster, Nylon, polipropileno o elastano por sus extraordinarias propiedades mecánicas y químicas . A la mayor parte de estos tejidos se los trata con productos adicionales para otorgarles determinadas propiedades, desde elasticidad a hidrofobicidad, como por ejemplo perfluorados , lo que los hace directamente irreciclables y bastante más peligrosos para la salud (se han descubierto concentraciones de PFAs en las analíticas de sangre de la mayor parte de la población).
En los últimos 20 años, la producción mundial de ropa se ha duplicado y el tiempo de uso de cada prenda se ha reducido un 40%. La industria fabrica cada vez más ropa, más rápido y más barato, es lo que llamamos el fast fashion. Las prendas acaban en la basura, según el informe A new textiles economy de la Fundación Ellen McArthur. La gran mayoría de estos tejidos no se reutilizan ni se reciclan. Según los datos de la propia federación internacional de empresas de reciclaje (BIR), las tasas de reciclaje textil son del 26% en Europa, el 15% en China y el 12% en Estados Unidos. Estos datos nos permiten suponer que las tasas de reciclaje en realidad se acerquen al 10 % ante el manifiesto optimismo de algunos estudios.
Con todo, la solución más extendida es el acabar en vertederos, como el de ropa usada en el Desierto de Atacama, quees uno de los vertederos ilegales de moda rápida más grandes del mundo, ubicado afueras de la comuna de Alto Hospicio, en el Desierto de Atacama. De vez en cuando estos vertederos sufren algún incendio “ fortuito” y desaparecen.
Respecto al otro uso, el mercado de la cosmética utiliza ampliamente los derivados del petróleo, incluso algunas cremas incorporan microplásticos, y en cuanto a los compuestos que solemos encontrar están: Paraffinum liquidum, aceite de parafina, aceite mineral ,mineral oil, aceite de vaselina, vaselina líquida, aceite blanco medicinal, petroleum, petrolato líquido. El dinero destinado a la publicidad de todos estos productos es abrumadora, como lo és su consumo.
Todo lo dicho sobre los usos respalda el gráfico citado más arriba.

DE LA PRODUCCIÓN AL VERTEDERO
Según un artículo publicado enScience: “Los plásticos han superado la capacidad de la mayoría de los materiales sintéticos y han estado bajo escrutinio ambiental durante mucho tiempo. Sin embargo, se carece de información global sólida, en particular sobre su destino al final de su vida útil. Mediante la identificación y síntesis de datos dispersos sobre la producción, el uso y la gestión del final de la vida útil de resinas poliméricas, fibras sintéticas y aditivos, presentamos el primer análisis global de todos los plásticos producidos en masa jamás fabricados. Estimamos que hasta la fecha se han producido 8300 millones de toneladas métricas (TM) de plásticos vírgenes. Entre 1950 y 2015, la generación acumulada de residuos de plásticos primarios y secundarios (reciclados) ascendió a 6300 Mt de residuos plásticos , de los cuales alrededor del 9 % se reciclaron, el 12 % se incineraron y el 79 % se acumuló en vertederos o en el medio ambiente natural. Si las tendencias actuales de producción y gestión de residuos continúan, aproximadamente 12 000 TM de residuos plásticos terminarán en vertederos o en el medio ambiente natural para 2050.”
Los datos resultan sobrecogedores si tenemos en cuenta que de esas aproximadamente 400 millones de toneladas generadas el último año , se han reciclado sólo el 9 % y el 12 % se han valorizado energéticamente . Tenemos por tanto que 316 millones de toneladas vagaron libremente. Pero es más aterrador si miramos los datos publicados por sciencie hasta la fecha. Los estimados 8.300 millones de toneladas han liberado al medio 6.557 millones de toneladas.
El problema, como puede observarse en el gráfico 1, no es nuevo. Y si bien hasta 1970 la pendiente de la curva es casi recta, lo que marca un crecimiento proporcionado, se dispara luego y adquiere un carácter exponencial. Pero a pesar de conocerse desde hace tiempo, las medidas tomadas al respecto han resultado siempre anecdóticas.
Algunos de los efectos de esto son tan evidentes como la La gran mancha de basura del Pacífico, también llamada continente de plástico, isla de basura, isla tóxica, gran zona de basura del Pacífico, remolino de basura del Pacífico, isla de la contaminación o isla de plástico del Pacífico, es una zona del océano cubierta de desechos marinos y plásticos en el centro del océano Pacífico Norte, localizada entre las coordenadas 135° a 155°O y 35° a 42°N.
Su superficie se estima entre 710 000 km² y 17 000 000 km² según el criterio que se adopte en relación con la concentración de elementos de plástico que se fija como umbral para su definición geográfica. Esta superficie equivale a más de la de España. Desde algunas instituciones se fomentan pelotazos económicos con el pretexto de reciclar lo que a todas luces es imposible de reciclar. Esta isla funciona como lento y continuo emisor de micro y nanoplásticos en el océano para que nos recuerden las futuras generaciones.
Según el informe ‘De la contaminación a la solución’, realizado por el Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas (PNUMA), los residuos plásticos representan hasta el 85% de los desperdicios marinos. Y es que de todo el plástico que se arroja a mares y océanos una parte queda alojado en el fondo marino mientras que otra deambula por sus aguas ocasionando fenómenos como la citada isla. No solemos ser conscientes que el destino de la mayor parte de los plásticos que desechamos en tierra es el mar a través de las escorrentías.
También son observables fenómenos como la acumulación en redes de saneamiento o la dispersión en todos los puntos del planeta. Posiblemente no exista ningún punto en el que no hayan aparecido.

DE LO MACRO A LO MICRO
Pero otros son menos observables y cuantificables. Todos los derivados del petróleo, en su degradación van fragmentándose en partes más pequeñas que llamamos microplásticos, y estamos hablando desde neumáticos de coche hasta ropa. Pero no todos estos microplásticos son fruto de la fragmentación, algunos se fabrican ex profeso para cosméticos por ejemplo como ya citamos más arriba en este texto.
En las aguas marinas, estos microplásticos sufren también fragmentación que los acaba introduciendo en la cadena alimentaria de las diferentes especies y a través de esta acaban en nuestro cuerpo. El ser humano es el último eslabón de la cadena trófica y nos estamos comiendo el plástico que poco a poco se ha ido acumulando en cada paso de ésta”.
El diminuto tamaño que llegan a adquirir, de menos de un micrómetro, lo que se considera un nanoplástico, hace que puedan pasar atravesar las barreras biológicas y pasar al torrente sanguíneo. Son innumerables los estudios hechos al respecto, aunque pondremos por ejemplo el artículo publicado en la web del csic con el título “La evidencia acumulada indica que los micro y nanoplásticos no son inofensivos”.
Esto en lo que se refiere al océano, pero en la atmósfera las cosas no pintan nada mejor .Cuando los microplásticos tienen tamaños menores a los 10 micrómetros, pueden quedar suspendidos en el aire, comportándose como aerosol, polvo o partículas finas. Se encuentran tanto al aire libre como en espacios interiores (hogares, vehículos, oficinas) y por lo tanto los inhalamos. Además, estos aeorosoles son transportadores o pueden serlo de otros tóxicos, e incluso de plásmidos que contienen genes de resistencia bacteriana.
Uno de los trabajos más alarmantes es el publicado el año pasado en la revista PLOS One, que estima que un adulto puede inhalar hasta 68.000 partículas de microplásticos al día. Estas, en su mayoría menores de 10 micrómetros (mucho más finas que un cabello humano), son lo suficientemente pequeñas como para penetrar profundamente en los pulmones e incluso entrar en el torrente sanguíneo.
Y por si esto no fuera poco, tenemos los famosos perfluorados, perbromados ( los famosos PFAs y PFOs) etc que se consideraban productos completamente estables e inocuos hasta que se ha observado que efectivamente si desprenden moléculas, que además son casi indestructibles y que se van acumulando en el organismo y en las cadenas tróficas.
Cada vez más estudios apuntan a la multiplicidad de efectos que producen sobre el cuerpo y la salud de las personas. Según apunta la sociedad española de Salud de precisión los efectos son: Inflamación sistémica y cronicidad, transporte de toxinas y patógenos, efectos neurológicos emergentes , alteración metabólica, cáncer y efectos en el desrrollo infantil.

COMO LO SOLUCIONAMOS
Pues bien, a pesar de todos los efectos descritos, unos visibles y otros invisibles pero constatables científicamente, y a pesar de que toda esta información se traslada puntualmente a las autoridades competentes, todas las políticas van encaminadas hacia lo que constituye una práctica obsoleta e inútil como es el reciclaje, tal y como demuestran las cifras.
Las políticas de reducción del uso de plásticos son prácticamente inexistentes o testimoniales. Está claro desde el principio que la Responsabilidad extendida del Productor que se plasma en engendros como Ecoembes no constituye más que un escandaloso greenwashing por parte de las diferentes empresas que lo conforman, que ha barajado cifras erróneas cuando no directamente falsas para justificar su existencia. De hecho afirmaba llegar al 71 % de recuperación de envases de plástico cuando el mismo ministerio estableció esta cantidad en el 41 %, lo que obligaba a cambiar al sistema de devolución, depósito y retorno (SDDR) en el plazo de dos años. La normativa española inicialmente fijó noviembre de 2026 para la implantación de este sistema. Pero hasta ahora no existe un sistema nacional SDDR plenamente implantado operativo en toda España y como es obvio, ni se le espera por motivos de complejidad técnica.
En nuestro país las medidas se abordan desde la Ley 7/2022 de residuos y suelos contaminados para una economía circular y el Real Decreto 1055/2022 de envases y residuos de envases que abordan una serie de medidas, a pesar de ser reconocida la inoperancia de todas ellas y sin abordar una reducción radical desde producción como la única medida que podría ser efectiva.
Se aborda la prohibición de plásticos de un solo uso per no se consideran como tal los envases de bebidas, se aplica hipócritamente un impuesto a los plásticos no reutilizables para pretendidamente fomentar la economía circular. Se establece un área de 80 M2 para venta de productos a granel en los comercios de 400 M2, lo que reduce todo al sector de verduras y hortalizas. Respecto a las bosas de plástico se limita a establecer un precio irrisorio que naturalmente el consumidor va a pagar sin problemas. Establece la obligación de servir agua del grifo cuando lo solicitan los clientes pero no pone coto a la venta de agua embotellada en envases plásticos. Y en el colmo del cinismo, establece la obligación de la reciclabilidad como si los hechos no demostraran la falacia de la misma.
Toda la legislación española es desesperadamente inútil respecto a las medidas y objetivos necesarios, se trata de un querer y no poder por miedo a ser engullidos por los lobis . Como siempre se cambian cosas para que nada cambie, y el rehén de esto resulta ser el planeta y nosotros sus habitantes.
Tampoco es que Europa haya hecho demasiado sus deberes al respecto ya que en la Estrategia europea sobre el plástico prevista en su Comunicación de 16 de enero de 2018 titulada «Una estrategia europea para el plástico en una economía circular» , estableció que debía “abordarse el aumento constante de la generación de residuos plásticos y del abandono de esos residuos plásticos en el medio ambiente, en particular el medio marino, para conseguir que el ciclo de vida de los plásticos sea circular. La estrategia europea para el plástico es un paso hacia delante para establecer una economía circular en la que el diseño y la producción de plásticos y productos de plástico respeten plenamente las necesidades de reutilización, reparación y reciclado, y en la que se desarrollen y promuevan materiales más sostenibles. El importante impacto negativo de determinados productos de plástico en el medio ambiente, la salud y la economía exigen el establecimiento de un marco jurídico específico que permita reducir eficazmente esos efectos negativos”, y así es como surgió la Directiva (UE) 2019/904 del Parlamento Europeo y del Consejo relativa a la reducción del impacto de determinados productos de plástico en el medio ambiente, que fue traspuesta a nuestra ley 7/2022.
Ciertamente sonroja ver la tremenda hipocresía de las medidas europeas y españolas y constatar que suponen facilitar el lavado verde a la tragedia ambiental que vivimos. Una reciente investigación a la que aludíamos anteriormente, hecha por el diario público, afirma como una de sus conclusiones: “Aunque el reciclaje químico de plásticos es un desastre tecnológico y económico, la Unión Europea y varios Estados miembros, entre ellos Francia y España, siguen invirtiendo cientos de millones de euros de fondos públicos en este sector. Bruselas se está preparando incluso para legalizar las prácticas engañosas de las empresas petroquímicas, permitiéndoles vender envases fabricados principalmente con plástico virgen como si fueran 100% reciclados.”
Se sigue apostando todo a una pretendida circularidad que en realidad ni existe ni se la espera y se sigue dilapidando tiempo ante la gravedad de lo que está sucediendo. Según un estudio publicado en The Lancet Planetary Health:
“El modelo reveló que, si el sistema de plásticos continúa sin cambios en las políticas, la economía, las infraestructuras, los materiales o los comportamientos de los consumidores («el escenario sin cambios»), los efectos anuales sobre la salud podrían más que duplicarse, pasando de 2,1 millones de DALYs en 2016 a 4,5 millones de DALYs* en 2040.”
A la vista los hechos, los interrogantes que se plantean resultan obvios: Si se ha demostrado la ineficacia de las medidas que se ha tomado y se asiste día tras día al agravamiento del problema:
¿Porqué no se hace a la industria petrolera responsable por la contaminación por plásticos?
¿porqué no se aborda la drástica reducción como única medida efectiva y se legisla para prohibir su uso masivo en embalajes y envases y se dejan las bosas de plástico reducidas a un uso testimonial?
Parece que lo que asoma detrás de todo es que si se quiere evitar el desplome del consumo , las cosas se tienen que mantener como hasta ahora a pesar de los costes.
Parece también que es el mismo sistema que ha generado la situación , el que es incapaz de encontrar soluciones válidas. ¿Qué se hace si falla el sistema?.
*DALY: DALYs», por sus siglas en inglés, una medida de carga de la enfermedad. El número de años de vida saludable perdidos debido a los gases de efecto invernadero, los contaminantes atmosféricos y las sustancias químicas tóxicas emitidas a lo largo del ciclo de vida de los plásticos a escala mundial.






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